El estudio de las élites en Ciencia Política viene dado como consecuencia de la importancia de la transparencia y de la calidad del sistema democrático. Así, para designar el concepto de ÉLITE existen una gran cantidad de términos (según el autor que lo defina).
En este sentido, tenemos a estos prestigiosos autores que han tratado de definir el concepto de élite:
- Pareto: habla de élite política (él identifica que hay muchas más élites que no la política).
- Mosca: habla de clase política para referirse a la élite
- Michels: habla de oligarquía para referirse a la élite.
- Mills: habla de élite del poder para referirse a esa élite o clase política.
- Meibel: habla de minorías dominantes.
- Riesman: habla incluso de grupos de veto.
El concepto de clase política, uno de los más utilizados, ha sido difícil de definir por la literatura. Etimológicamente nos remite al concepto de elegir, elección o selección.
Definición actual de “élite”
Una definición válida en la actualidad es la de “personas que son capaces, en virtud de su posición estratégica en organizaciones y movimientos poderosos, de afectar los resultados políticos de manera regular y sustancial”. Se trata de una definición de HIGLEY y BURTON, dada en 2006.
Estos autores contemporáneos no circunscriben la élite solo a las personas que están en las instituciones, sino a cualquier individuo que pueda influir en las decisiones políticas (sindicatos, movimientos, medios de comunicación…). Esta definición es, por tanto, mucho más amplia que la que nos dan los autores clásicos.
El estudio de las élites políticas ha sido un espacio tradicional de trabajo dentro de las Ciencias Sociales (Ciencia Política, esencialmente). El problema radica en que no es fácil distinguir los individuos que pertenecen a la élite.
Por su parte, Aron y Putnam dicen que el estudio de las élites políticas es un elemento fundamental para reflejar los cambios profundos en las sociedades. El estudio de las élites políticas permite, por consiguiente, conocer mejor a un segmento de la sociedad que tiene un impacto importante en la manera en que se organiza y funciona.
Así, no es fácil abordar los estudios sobre las élites (sería sencillo si, como los clásicos, entendiéramos la élite como los individuos que forman parte exclusivamente de las instituciones). Tenemos que considerar que los individuos que no ejercen un poder político directo en la sociedad también pueden ser considerados por muchos autores como élite (ej. directores de medios de comunicación).
Así mismo, hay que tener en cuenta que, cuando ponemos en jaque el grado de confianza (desafección política) en los partidos políticos y en los propios políticos al mismo tiempo estamos poniendo en jaque al propio sistema. Algo que permite renovar las estructuras y la organización del país.
Siguiendo a Putnam, podemos identificar las élites políticas por tres formas:
- Por su posición en las instituciones de poder. Se trata del método posicional, que es el más utilizado.
- Por la autoría de las decisiones políticas que se toman: entendiendo por decisiones, además, iniciativas parlamentarias.
- Por la reputación que se le atribuyen.
Si bien de todos ellos el método más común es el posicional. Estos tres métodos nos permiten construir un mapa del poder político.