Nicolás Maduro ha destrozado Venezuela con su régimen antidemocrático, sí, pero ¿quién es Donald Trump, presidente de EE. UU., para poner o sacar gobiernos en países soberanos, como lo es Venezuela? Está claro, es evidente, que Nicolás Maduro no representa los valores democráticos. Es un presidente reconocido tan solo parcialmente por una comunidad internacional que le lleva exigiendo desde las últimas elecciones presidenciales que presente las actas electorales.
No es visto, en suma, como el presidente legítimo de Venezuela por buena parte del mundo. Pero ni tan siquiera esto —que Maduro haya instaurado un régimen antidemocrático y sea lo peor que le ha pasado a Venezuela en la historia contemporánea— justifica que un país, una potencia extranjera como lo es EE. UU., bombardee Venezuela, violando flagrantemente el derecho internacional y, por tanto, las reglas del juego internacionales que deberían respetar todos los países soberanos para una correcta convivencia internacional, y ponga un gobierno de su conveniencia en Venezuela. Porque está claro que, aunque Edmundo González y, con él, la premio Nobel de la Paz María Corina Machado sean vistos por tantos y tantas como los dirigentes electos de Venezuela —presidente electo Edmundo González, proclaman muchos—, si no fueran del agrado y la cercanía de Donald Trump, este, el presidente de EE. UU., no habría llevado a cabo esta operación, este ataque, en Venezuela para, en último término —está claro—, auparlos al poder venezolano.
Nada, en fin, ni tan siquiera derrotar a un régimen autoritario y nefasto como el de Nicolás Maduro, puede justificar bombardear a un país soberano y violar las reglas del juego internacionales. La democracia, está claro, no se consigue así.