Si tienes previsto viajar por carretera esta Semana Santa, conviene extremar la atención. La Dirección General de Tráfico ha reforzado los controles con un tipo de radar que está pasando desapercibido para muchos conductores y que, sin embargo, está registrando miles de sanciones.
Se trata de los llamados radares de remolque, dispositivos portátiles que pueden colocarse prácticamente en cualquier punto de la vía y retirarse en cuestión de minutos. Su principal característica es precisamente esa: no siempre están donde los esperas.
Qué son los radares que está usando ahora la DGT
A diferencia de los radares fijos tradicionales, estos dispositivos están montados sobre una estructura móvil con ruedas, lo que permite trasladarlos fácilmente de un tramo a otro.
Funcionan como un sistema híbrido: tienen la precisión de un radar fijo, pero la flexibilidad de uno móvil. Esto permite a Tráfico utilizarlos de forma estratégica, situándolos en puntos concretos durante el tiempo que considera necesario.
Aunque ya se habían probado en meses anteriores, su presencia se ha intensificado en 2026 y ya forman parte habitual de los dispositivos de control.

Dónde están y por qué cuesta detectarlos
Estos radares ya se han visto en vías muy transitadas como la AP-7, la A-1, la A-4, la A-6 o las radiales de Madrid.
Suelen colocarse en los laterales de la carretera y, por su tamaño y diseño discreto, pueden pasar completamente desapercibidos. No son especialmente visibles y, en muchos casos, el conductor no los identifica hasta que ya ha pasado por delante.
Además, al tratarse de radares móviles, no siempre están señalizados, lo que aumenta el factor sorpresa.
Cómo funcionan y cómo multan
El sistema que utilizan no difiere demasiado del de otros radares. Miden la velocidad mediante tecnología láser y, cuando detectan que se supera el límite, capturan una imagen del vehículo.
En esa imagen quedan registrados datos como la matrícula, la velocidad, la fecha y la hora. Posteriormente, la información se envía para su validación antes de emitir la sanción.
La diferencia no está tanto en la tecnología como en su uso: son menos previsibles y eso los hace más efectivos.
Hasta 20 multas por minuto
Las cifras que se manejan reflejan el impacto de estos dispositivos.
En Cataluña, donde comenzaron a utilizarse, dos de estos radares llegaron a controlar más de 65.000 vehículos en apenas tres días, con cerca de 10.000 sanciones.
Según las estimaciones, pueden llegar a poner hasta 20 multas por minuto, lo que equivale a una cada pocos segundos. Un dato que evidencia tanto su eficacia como la cantidad de conductores que superan los límites.
Uno de los factores clave es su capacidad para cambiar de ubicación rápidamente.

A diferencia de los radares fijos, cuya ubicación es conocida por los conductores, estos dispositivos pueden aparecer en cualquier punto, especialmente en zonas sensibles como tramos en obras o áreas con limitaciones temporales de velocidad.
En estos lugares, donde los límites suelen ser más bajos, es habitual que muchos conductores no adapten su velocidad, lo que incrementa el número de sanciones.
El despliegue de estos radares coincide con periodos de alta movilidad, como la Semana Santa, cuando millones de desplazamientos se concentran en pocos días.
La DGT ha intensificado el uso de estos sistemas como parte de una estrategia más amplia para reforzar la vigilancia y reducir los comportamientos de riesgo en carretera.
La incorporación de estos radares responde a un cambio en el modelo de control. Ya no se trata solo de puntos fijos conocidos, sino de sistemas más dinámicos que obligan a mantener una conducción constante y respetar los límites en todo momento.
Más allá de las sanciones, el objetivo sigue siendo el mismo: mejorar la seguridad vial en un contexto en el que el exceso de velocidad continúa siendo una de las infracciones más frecuentes.