Vox ha consolidado un cambio estratégico en su discurso político que algunos analistas califican de “lepenización”, con el objetivo de superar al PP y situarse cerca del 35% de intención de voto de cara a 2031. La cúpula de la formación, encabezada por Santiago Abascal, busca trascender los nichos tradicionales de la derecha y presentarse como un factor de impugnación del sistema, apelando a ciudadanos que se sienten desatendidos por el bipartidismo, especialmente en materias como vivienda y empleo.
El partido ha incorporado al debate la teoría del “gran reemplazo”, defendida por la diputada Rocío de Meer, al tiempo que propone medidas como la “remigración” de inmigrantes en situación irregular y la deportación de quienes cometan delitos, un planteamiento que incluso ha encontrado eco en el PP de Alberto Núñez Feijóo. Vox combina así un giro autoritario con un enfoque obrerista, buscando calar entre las clases populares mediante soluciones rápidas a problemas cotidianos, sin integrarse en gobiernos del PP para mantener su papel de oposición visible.
Abascal habla ahora despectivamente de «los políticos».
— Juanma Lamet (@juanmalamet) February 11, 2026
Como si él no fuera el prototipo de político de carrera: de las juventudes del PP a los cargos de subsistencia, y de ahí, a vivir de las subvenciones que él dice querer suprimir, pero que no rechaza cobrar. Por lo que sea. https://t.co/cubreed1lw
Lamet destaca que este giro estratégico no es sólo retórico sino también táctico: al presentarse como alternativa crítica al bipartidismo, Vox busca erosionar el espacio electoral del PP y atraer a votantes que se sienten desatendidos por las respuestas tradicionales a problemas como el acceso a la vivienda, el empleo o la seguridad. Esta orientación hacia un discurso más agresivo y de confrontación política se combina con un enfoque que muchos analistas consideran antipolítico, es decir, que cuestiona y pone en duda las estructuras y prácticas del propio sistema democrático en vez de integrarse en él.
El análisis histórico de la formación comienza a plasmar un cambio significativo: en 2015, su programa electoral no incluía remigración, deportaciones ni referencias al “reemplazo”, centrando su discurso en la protección de menores inmigrantes y el control de la inmigración según necesidades laborales. En la actualidad, el partido apuesta por un nacionalpopulismo más agresivo y simbólicamente anclado en el modelo francés de Marine Le Pen, con el objetivo declarado de consolidar su poder político y redefinir la derecha española.