De la dimensión izquierda-derecha a la nacionalista: esta es la teoría de la movilización cognitiva de Ronald Inglehart

Según Inglehart, esta movilización cognitiva contribuyó a transformar sociedades autárquicas en democráticas, y su indicador principal es la frecuencia con la que se habla de política con personas del entorno próximo.

07 de enero de 2026 a las 00:43h
Imagen que evoca a la movilización política a través de una manifestación
Imagen que evoca a la movilización política a través de una manifestación

El índice de movilización cognitiva de Ronald Inglehart, presentado en El cambio cultural en las sociedades industriales avanzadas (1990), describe una etapa del proceso histórico de movilización social paralelo al desarrollo. La industrialización ha permitido mayor tiempo para estudiar o dedicar al ocio, lo que ha elevado los niveles educativos y la información política, incrementando la capacidad de la población para intervenir más activamente en decisiones públicas. Esta mejora cognitiva permite la difusión de actitudes necesarias para integrarse en una comunidad política extensa, aumentando el potencial participativo.

Según Inglehart, esta movilización cognitiva contribuyó a transformar sociedades autárquicas en democráticas, y su indicador principal es la frecuencia con la que se habla de política con personas del entorno próximo.

Los indicadores actitudinales referentes a los inputs del sistema analizan la inclinación individual a participar en función de sentimientos de competencia personal y de ideologías o ejes de conflicto. Entre los principales ejes estructurados del conflicto político en España se encuentran la dimensión izquierda-derecha, medida mediante escalas de auto-ubicación; la dimensión nacionalista o territorial-cultural, evaluada también con escalas de sentimiento nacional; y la dimensión materialismo-postmaterialismo, asociada al cambio de valores en sociedades postindustriales descrito por Inglehart. Este cambio distingue entre materialistas, centrados en la seguridad económica y física, y postmaterialistas, orientados a la calidad de vida y al lugar del individuo en la sociedad.

Este desplazamiento de valores genera una ruptura intergeneracional: quienes vivieron la posguerra, marcada por la escasez e inseguridad, desarrollaron valores materialistas, mientras que las generaciones surgidas en épocas de prosperidad pudieron centrarse en necesidades de orden superior. Estas categorías permiten analizar cómo los cambios culturales y las circunstancias históricas influyen en las actitudes políticas y en la movilización social, vinculando el desarrollo económico con transformaciones profundas en la orientación de las preferencias ciudadanas.

La teoría de David Easton

Los indicadores actitudinales referentes a los outputs del sistema están relacionados con los productos que genera el sistema político, como las políticas públicas, dependientes de las decisiones de las autoridades. Según Easton, el apoyo político puede ser específico, varía según el acuerdo con acciones concretas, o difuso, un vínculo estable hacia los objetos políticos que no desaparece fácilmente por la actuación gubernamental. Esta distinción permite comprender el grado de adhesión de la ciudadanía al sistema más allá de coyunturas particulares.

Easton identifica dos dimensiones centrales del apoyo difuso: la legitimidad y la confianza. La legitimidad se basa en la convicción de que es justo y adecuado obedecer a las autoridades, y proviene de la ideología, las estructuras del régimen y las cualidades personales de quienes ocupan posiciones de autoridad. La confianza implica creer que quienes reciben poder delegado harán buen uso de él, permitiendo a las autoridades actuar sin consultar continuamente sus decisiones. En Estados Unidos se estudia esta confianza observando variaciones en la capacidad, honestidad y orientación al bien común del poder ejecutivo.

Sobre el autor
Logotipo de ElConstitucional.es
ElConstitucional.es
Ver biografía
Archivado en
Lo más leído