La participación política de los ciudadanos: de los apáticos a los gladiadores

No toda la ciudadanía participa de manera homogénea: Milbrath distingue entre apáticos, espectadores y gladiadores. La participación se explica mediante la lógica del interés colectivo, siguiendo a Mancur Olson, y su forma más extendida es el voto.

07 de enero de 2026 a las 00:42h
Persona votando en una urna
Persona votando en una urna

La participación política es un elemento fundamental en un sistema democrático, aunque no exclusiva de estos sistemas, ya que también en regímenes no democráticos existen modalidades de participación dentro de márgenes muy limitados. La participación puede adoptar diversas formas como votar, colaborar en campañas, ser miembro de organizaciones políticas, realizar actividades comunitarias o particulares, y participar en acciones de protesta. Autores como Nie, Verba y Kim señalan que las actividades participativas deben analizarse desde dimensiones como el grado de influencia, el beneficio colectivo o particular, el nivel de conflicto, la iniciativa personal requerida y la cooperación necesaria.

No toda la ciudadanía participa de manera homogénea: Milbrath distingue entre apáticos, espectadores y gladiadores. La participación se explica mediante la lógica del interés colectivo, siguiendo a Mancur Olson, y su forma más extendida es el voto, mientras que la participación activa es la menos frecuente. La literatura ofrece múltiples definiciones de participación política, pero todas coinciden en que implica una acción realizada por individuos con intención de influir y obtener un resultado político. Entre los factores que explican la participación están los recursos individuales, los cambios sociales, los recursos de grupo, las actividades políticas y los factores institucionales.

Se diferencian dos grandes tipos de participación: la convencional, estimulada por el Estado y orientada a legitimar el sistema político, cuyo ejemplo principal es el voto, junto a la participación en partidos o la asistencia a mítines; y la no convencional, no estimulada por el Estado, orientada a transformar el sistema y vinculada a la protesta. Kaase distingue dentro de esta última entre acciones legales, desobediencia civil y violencia política, planteando interrogantes sobre sus límites, su consideración como participación y su papel en regímenes no democráticos.

El voto es la forma por excelencia de participación en las democracias representativas. En Europa los niveles de participación son altos aunque variables, y la abstención constituye su contraparte. En España existen cuatro niveles electorales (municipal, autonómico, generales y europeas), así como procesos electorales de cambio y continuidad. También se observa el fenómeno del voto dual y variaciones históricas como las elecciones de 2011, consideradas de cambio por el declive del bipartidismo y la aparición de nuevas fuerzas políticas.

Además del voto, existen otras formas de participación que han aumentado, como la firma de peticiones o debatir sobre política, aunque la afiliación a partidos sigue siendo baja. La participación no convencional ha crecido, vinculada a la desafección política, al impulso hacia una democracia más participativa o al estímulo de los propios partidos. Según Inglehart, esta participación es inclusiva y busca influir en decisiones específicas, y su vertiente no legal puede incrementarse por la reducción de controles y trabas en las democracias actuales para proteger la libertad de expresión y participación.

Sobre el autor
Logotipo de ElConstitucional.es
ElConstitucional.es
Ver biografía
Archivado en
Lo más leído