El auge de las redes sociales y las TIC ha multiplicado los riesgos para los menores en el entorno digital. Desde el ciberacoso hasta el uso de inteligencia artificial para generar contenido sexual falso, las amenazas evolucionan a gran velocidad mientras que el Gobierno plantea restringir el acceso a las redes sociales a menores de 16 años. Una realidad que aborda en el libro Menores y Redes Sociales. Paso a paso, su coordinadora, la fiscal especializada en criminalidad informática Escarlata Gutiérrez, que analiza los principales peligros, los errores más comunes y el papel clave de las familias en la prevención, en exclusiva para ElConstitucional.es.
¿Cuáles crees que son los riesgos más graves que enfrentan ahora los menores en las redes sociales?
Las redes sociales tienen cosas positivas y negativas y son una forma habitual de relación entre los menores, por lo que no todo es negativo ni depende solo de la herramienta, sino del uso que se haga de ella. Aun así, en principio los menores solo deberían acceder a partir de los 14 años, una edad que además se quiere elevar a 16 en reformas en tramitación.
Aunque los riesgos existen también para adultos, los menores son especialmente vulnerables porque están en pleno desarrollo. Entre los principales peligros se sitúa el ciberacoso, el 'sharenting' o el ciberbullying, que además en muchos casos constituyen también delitos contra la integridad moral mediante humillaciones en redes sociales.
También la difusión no consentida de imágenes íntimas enviadas inicialmente con consentimiento. A esto se suman los entornos en los que los menores interactúan con desconocidos, como redes sociales o videojuegos online.
Uno de los escenarios más graves y recurrentes se produce cuando un adulto se hace pasar por menor, gana la confianza de la víctima, obtiene imágenes íntimas y posteriormente las utiliza para amenazar, exigir más imágenes con contenido sexual o incluso forzar encuentros que pueden derivar en delitos contra la libertad o indemnidad sexual. Además, aunque en menor medida, también pueden verse afectados por ciberestafas.
¿Existe un perfil arquetípico de ciberacosador o redes más propensas?
Muchos de los comportamientos más frecuentes se producen entre los propios menores, especialmente en casos de ciberbullying o humillaciones. También el uso de inteligencia artificial para generar imágenes desnudas realistas de menores, en ocasiones entre compañeros o personas conocidas.
En cuanto a los adultos, especialmente depredadores sexuales, no se limitan a una red concreta. Pueden estar en cualquier plataforma, aunque actualmente tienen presencia en videojuegos online y en redes que permiten el envío de mensajes privados sin necesidad de contacto previo. En general, se sitúan allí donde están los menores.
¿Qué comportamientos pueden pasar desapercibidos para las familias?
Es difícil detectarlo todo, como ocurre en otros ámbitos de la educación. Aunque existen herramientas como el control parental, estas pueden ser burladas y no garantizan una protección total.
Entre las señales de alerta pueden estar los cambios de conducta o el uso oculto del dispositivo, pero en muchos casos pasan desapercibidos. El principal obstáculo es que los menores suelen sentir vergüenza o miedo y no comunican lo que les ocurre a sus padres o profesores, aunque a veces sí lo hacen con sus amigos.
¿Hace falta más educación en este ámbito?
Es fundamental reforzar la educación en el uso de la tecnología. Ya existen iniciativas como las de la Policía Nacional, que acude a centros educativos para formar a los menores sobre riesgos y buenas prácticas. Esta formación debe complementarse con la educación en el entorno familiar, especialmente cuando se facilita a los menores el acceso a dispositivos conectados. Aun así, no siempre es fácil prevenir todos los casos.
En casos graves como el que mencionabas, ¿cómo actúan los agresores y qué nivel de gravedad tienen estos hechos?
Uno de los mecanismos más habituales consiste en hacerse pasar por menor, generar confianza, obtener una imagen íntima y utilizarla posteriormente para amenazar y exigir más contenido. Estos casos muchas veces se detectan porque el menor lanza algún tipo de alerta, como un mensaje en redes. Si no ocurre, pueden tardar mucho más en descubrirse. Una vez se inicia la investigación, es frecuente que aparezcan más víctimas.
En cuanto a la prevención, la implicación familiar es de vital importancia y, especialmente, en generar un entorno de confianza para que el menor pueda comunicar la situación sin miedo a castigos o culpabilización.
¿Qué errores se cometen con más frecuencia en este proceso?
Uno de los errores más comunes es pensar que los menores, por haber crecido con la tecnología y las redes sociales, conocen también sus riesgos. En realidad, dominan el uso técnico, pero carecen de la experiencia necesaria para identificar peligros. Es como manejar un coche sin conocer las normas de circulación. Por ello, es esencial enseñarles los riesgos y fomentar un entorno de confianza. También es cierto que es complejo y todos pueden cometer errores.
¿Hace falta también formación para los padres?
Sí. En muchos centros educativos se ofrecen charlas para familias, ya que muchos padres desconocen los riesgos digitales, bien por no haberse criado en este entorno o por no estar expuestos a esas situaciones. Existen distintos enfoques, desde quienes prohíben completamente el uso de redes hasta quienes no ejercen ningún control. Lo ideal sería un punto intermedio basado en la información, la supervisión y el acompañamiento.
También alertas sobre el 'sharenting'. ¿En qué consiste?
Esto es la sobreexposición de menores en redes sociales por parte de sus propios padres. No se trata de publicaciones puntuales, sino de convertir su vida en contenido constante, en ocasiones como fuente de ingresos, llegando a tener millones de seguidores. Muchos menores tienen su vida expuesta desde edades muy tempranas, incluyendo aspectos íntimos, lo que puede afectar a su intimidad, su imagen y su desarrollo.
El consentimiento para publicar imágenes corresponde a los propios menores a partir de los 14 años, edad que podría elevarse a 16, o a sus progenitores en caso contrario. Sin embargo, en estos casos donde las redes sociales se convierten en auténticos medios de comunicación y difusión, según la Ley Orgánica de Protección del Derecho al Honor, la Intimidad y la Propia Imagen, los padres deberían poner en conocimiento del Ministerio Fiscal el consentimiento que pretenden otorgar por sus hijos. El Ministerio fiscal puede oponerse en un plazo de 8 días. En la práctica, esto no suele hacerse y el control es limitado, aunque el fiscal puede actuar por vía civil.
¿Es más peligroso el contenido o la interacción con el contenido?
Ambos factores son relevantes. Por un lado, el acceso a contenido pornográfico se produce a edades muy tempranas, en torno a los 8 o 9 años, lo que puede afectar al desarrollo. Por otro lado, los riesgos más graves se producen en la interacción: ciberacoso o difusión de imágenes íntimas. También existe la generación de imágenes falsas de menores mediante inteligencia artificial.
¿Qué papel juega la inteligencia artificial en estos delitos?
La IA es una herramienta cuyo impacto depende del uso que se haga de ella. Sin embargo, hay casos recientes, como el de Grok, la IA de la red social X, en los que se han generado millones de imágenes sexualizadas en apenas 11 días. Entre ellas había más de 23.000 de menores. En el caso de menores, estas prácticas constituyen pornografía infantil virtual, tipificada en el Código Penal y castigada con penas de hasta 5 años de prisión. También pueden derivar en delitos contra la integridad moral, con penas de hasta 2 años de prisión.
Este fenómeno presenta un claro sesgo de género, ya que la violencia digital afecta mayoritariamente a mujeres. En el caso de la difusión no consentida de imágenes íntimas, alrededor del 90% de las víctimas son mujeres.
En España, ¿ha habido casos relevantes?
Recuerdo el caso de Almendralejo, donde un juzgado de menores de Badajoz condenó a varios menores como responsables de 20 delitos de pornografía infantil y 20 delitos contra la integridad moral por generar y difundir imágenes manipuladas mediante inteligencia artificial. En ese caso, utilizaron rostros reales obtenidos de redes sociales para superponerlos sobre cuerpos desnudos y difundirlos en grupos de mensajería.
¿Qué recomendaciones daría a las familias?
Supervisar el uso de dispositivos, configurar adecuadamente las herramientas y conocer con quién interactúan los menores. También explicar los riesgos y generar confianza. Si existen indicios de delito, los padres pueden revisar los dispositivos. Y la detección temprana es clave para evitar consecuencias más graves.