Marzo de 2026. Un vídeo manipulado se extiende como la pólvora por las redes: Isabel Díaz Ayuso habla de trenes y, de repente, el ministro Óscar Puente le responde con un insulto grosero. Miles de cuentas lo comparten indignadas como prueba irrefutable de la “arrogancia del Gobierno”. Horas después, Maldita.es lo desmonta sin piedad: puro montaje, edición burda de audio e imagen.
Ese mismo año, en julio de 2025, Torre Pacheco (Murcia) se convirtió en el laboratorio perfecto del bulo xenófobo. Tras una agresión real, explotó una oleada de vídeos falsos, imágenes recicladas y llamamientos a “cacerías” contra migrantes. Newtral y EFE Verifica demostraron que gran parte del material era de México 2021, Polonia o protestas antiguas en España. El resultado: disturbios en la calle, miedo real y un pico brutal de odio racial.
No son errores. No son casualidades. Son operaciones. La ultraderecha española ha industrializado la desinformación y la ha convertido en su principal herramienta de desgaste político en un país con solo el 31 % de confianza en las noticias (Digital News Report 2025) y donde el 69 % admite dificultades para distinguir lo verdadero de lo falso en internet.
Este terreno de desconfianza es el caldo de cultivo ideal. Y la ultraderecha lo ha explotado con precisión quirúrgica.
Del tuit aislado a la red de amplificación sincronizada
Un estudio publicado en 2025 en Frontiers in Communication analizó más de 345.000 mensajes en X y detectó microclústeres de cuentas que actúan de forma perfectamente sincronizada: repiten mensajes al mismo tiempo, usan los mismos hashtags, se amplifican entre sí y dirigen ataques masivos contra objetivos concretos.
El estudio analizó la red completa de 7.624 cuentas y 50.901 menciones durante las elecciones autonómicas de 2023. Los colores muestran los silos ideológicos: naranja = PP/Ayuso, morado = PSOE/Sánchez, rosa = izquierda independentista, etc. Se ve clarísimo cómo los clusters apenas se comunican entre sí (modularidad 0.776 → echo chambers brutales).

La misma red pero con zoom en los micro-clústeres periféricos. Destacan tres “brazos” aislados:
- Far-right Bots (gris, abajo a la derecha) → el avispero de ultraderecha.
- Far-left/Catalan Independence Bots (verde).
- Basque Independence Bots.
Estos micro-clústeres tienen poca conexión con el resto pero atacan masivamente a cuentas centrales (especialmente al PSOE, al presidente Sánchez y su familia o al ministro Puente).

No hace falta una orden centralizada. Basta con una cultura compartida, los mismos enemigos y una estrategia clara: inundar, polarizar y desgastar hasta la extenuación.
Top 10 de los bulos más dañinos de la ultraderecha en España (2025-2026)
Aquí va el ranking de los bulos que más han condicionado el debate público, según las verificaciones de Maldita.es, Newtral y EFE Verifica y aplicando el criterio de alcance de mi tesis doctoral en curso en la Universidad Complutense de Madrid, dirigida por el doctor Fernando Peinado.
No son anécdotas: son operaciones que han logrado movilizar, asustar y erosionar la democracia.
- El regreso de la “mili” obligatoria (abril 2025)
Vídeo manipulado de Pedro Sánchez anunciando el servicio militar obligatorio para jóvenes de 18 a 25 años. Newtral y Maldita lo tumbaron en horas: audio falso, sin rastro en ningún documento oficial. - El montaje Puente-Ayuso (marzo 2026)
Vídeo editado donde el ministro supuestamente insulta groseramente a la presidenta madrileña. Viral en menos de 24 horas. Desmentido por Maldita: montaje puro y duro. - La “invasión” de Torre Pacheco (julio 2025)
Decenas de vídeos falsos de agresiones, disturbios y “cacerías” contra migrantes. La mayoría provenía de México, Polonia o protestas antiguas. Generó llamamientos reales a la violencia. - Las “denuncias falsas” de violencia de género (persistente 2025-2026)
Narrativa que infla hasta el absurdo el porcentaje de denuncias falsas (realidad oficial: 0,02 %). Objetivo: deslegitimar a las víctimas y al movimiento feminista. - Comunicados falsos de instituciones (2025)
Falsos comunicados de ayuntamientos y Policía atribuidos a casos de inmigración para generar sensación de caos e inseguridad total. - Vídeos reciclados de agresiones migrantes (2025-2026)
Imágenes antiguas de otros países o de años anteriores presentadas como sucesos actuales en España para alimentar el pánico racial. - La “regularización masiva” como amenaza existencial (2026)
Tras el anuncio de regularización, explosión del 22 % en mensajes de odio (más de 35.000 según Oberaxe). Bulos que vinculaban la medida con aumento inmediato de delincuencia y “invasión”. - La “okupación” como ley del terror (2025-2026)
Ampliación constante de casos aislados para crear la sensación de que nadie está seguro en su propia casa y que el Gobierno “está del lado de los okupas”. - El feminismo como “ideología destructiva” (2025-2026)
Bulos que equiparan políticas de igualdad con “dictadura de género” o “ataque a la familia tradicional”. - La narrativa del “Gobierno traidor” (2025-2026)
Cualquier medida de política migratoria, exterior o social se presenta como traición a España, conectada con independentistas, ETA o “globalismo”.
Bulos de la ultraderecha contra el “No a la guerra” de Sánchez en Irán (febrero-marzo 2026)
Cuando el 28 de febrero de 2026 estalló la ofensiva militar de EE.UU. e Israel contra Irán, el Gobierno de Pedro Sánchez respondió con claridad: “No a la guerra” y prohibición expresa del uso de las bases de Rota y Morón para operaciones aliadas, extendida recientemente a la prohibición a los agresores de usar el espacio aéreo español. Ante esta postura, el ecosistema de Vox y la ultraderecha activó de inmediato su maquinaria de desinformación. En menos de 72 horas circularon los siguientes bulos, amplificados por cuentas oficiales, Telegram “patrióticos” y microclústeres sincronizados en X:
- “Sánchez aparece en los misiles iraníes”
Narrativa viral (impulsada incluso por Santiago Abascal) según la cual Irán habría colocado la foto del presidente español en sus misiles balísticos como “agradecimiento” por su neutralidad. Imagen manipulada y desmentida por Maldita en horas. - “Hipocresía con la fragata a Chipre”
El envío de un buque español al Mediterráneo oriental se presentó como prueba de que Sánchez mentía: “Dice ‘No a la guerra’ pero envía tropas”. Realidad: misión humanitaria y de evacuación, nunca de combate. - “Sánchez miente a la OTAN y a Trump”
Acusación masiva de que el Gobierno estaba engañando a sus aliados y permitiendo en secreto el uso de las bases. Vídeos editados y capturas falsas de supuestas comunicaciones clasificadas. - Montaje de Margarita Robles: “Estoy con Trump”
Edición burda del audio de la ministra de Defensa. En el original decía “estoy cómoda”; el montaje la hacía parecer partidaria de la intervención militar estadounidense. Viral en 24 horas. - “Traición y alianza con los ayatolás”
Mensajes que presentaban el rechazo a las bases como un acto de alta traición que dejaba a España “indefensa” y convertía al país en “aliado objetivo de Irán”.
Estos bulos no buscaban debatir política exterior: buscaban convertir una decisión soberana en prueba de debilidad, traición y “sumisión al islam”. La misma estrategia que ya funcionó en Torre Pacheco o con el montaje de Óscar Puente, ahora aplicada a una crisis internacional.
Racismo digital: cuando el bulo se convierte en odio puro
Los datos del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe) son demoledores: casi 2.900 contenidos de odio en 2024, de los cuales el 65 % no fue retirado. En 2026, el anuncio de regularización disparó un 22 % más de mensajes racistas y bulos como el que confundía regularización con nacionalización, que sí otorga derechos de voto.
Estos contenidos no solo desinforman: deshumanizan, amenazan y normalizan discursos extremos. Y los algoritmos los premian porque generan interacción.
El propio Oberaxe ya cuenta con la tecnología que el Gobierno va a convertir en “Hodio”, la huella digital del odio: más de 100.000 cadenas semánticas que detectarán mensajes racistas, xenófobos, islamófobos o antisemitas en X, Instagram o TikTok y obligarán a las plataformas a eliminarlos y banear a sus usuarios cuando incumplan sus propias normas.
Esta política gubernamental se cimenta en acciones de transparencia para la toma de conciencia social sobre el ámbito de la desinformación, como la que resultó en este esquema aportado por Moncloa:

El frente antifeminista: desacreditar para destruir
Otro eje central del ecosistema ultra es el ataque sistemático al feminismo y a las políticas de igualdad. Se cuestiona la veracidad de las víctimas a pesar de los datos oficiales. Las mujeres políticas progresistas son objeto de ataques especialmente salvajes: desinformación, insulto y deslegitimación personal.
El caso del acoso escuadrista y presunta agresión sufrida por la analista política Sarah Santaolalla, a la que el ultra Vito Quiles acosó en su puesto de trabajo, persiguió por todo Madrid en coche y se apostó frente a su casa, previamente a acosarla y, presuntamente, agredirla al salir del Senado ha originado más de 7.000 mensajes de odio y deep fakes (montajes humillantes realizados con inteligencia artificial para denograr y cuestionar a la analista).
Vox y la lógica del “avispero digital”
La literatura académica describe con claridad el estilo comunicativo del ecosistema vinculado a Vox: provocación deliberada, confrontación emocional y un victimismo estratégico que convierte cualquier crítica en “persecución del establishment”. No buscan convencer al centro ni ganar debates racionales. Buscan movilizar a su base, radicalizar el debate público y marcar la agenda mediática a golpe de indignación viral.
Según el informe SmartVote 2025 —el estudio académico más completo sobre desinformación en España y Portugal—, Vox es, con diferencia, el principal difusor de contenidos falsos en el ecosistema digital español. El análisis, elaborado por más de veinte investigadores de seis instituciones, sitúa al partido muy por encima del PP, el PSOE o Sumar, que ocupan roles “puntuales y periféricos”. Vox no solo amplifica bulos: los genera, los legitima y los convierte en narrativa oficial. Narrativas recurrentes como el “fraude electoral”, la “invasión migrante”, la Agenda 2030 como “complot global” o la “destrucción de la familia tradicional” forman el núcleo de su estrategia.
En X, las cuentas oficiales de Santiago Abascal y de los principales dirigentes actúan como auténticos detonadores. Un solo tuit incendiario activa los microclústeres sincronizados detectados por el estudio de Frontiers in Communication: repetición masiva, hashtags coordinados y amplificación cruzada entre perfiles “independientes”, canales de Telegram y fachatubers. El resultado es un avispero digital en el que cada bulo se transforma en arma electoral. Vox no solo comparte desinformación; la blinda con su sello institucional. Y en un ecosistema donde la emoción viaja más rápido que la verdad, esa legitimación es el combustible que convierte la mentira en “verdad alternativa” para cientos de miles de seguidores.
En el estudio mencionado de Frontiers in Communication, el micro-clúster de ultraderecha (far-right) ampliado ofrece un nudo extremadamente denso de nodos y aristas cortas, con altísima interconectividad, sincronización y homofilia perfecta. Destaca el nodo @vox_es como uno de los centrales. Se ve clarísimo el “avispero digital”: cuentas que se amplifican entre sí de forma coordinada, repitiendo mensajes y atacando objetivos comunes.

Así, lo que antes eran operaciones periféricas se ha convertido en modelo de partido: la desinformación ya no es un daño colateral. Es el motor de su comunicación, a imagen y semejanza del modelo trumpista de Steve Bannon en Estados Unidos, cuya eclosión llegó al cénit cuando el hoy presidente Donald Trump se refirió al bulo de que los inmigrantes haitianos se comen las mascotas de los ciudadanos en Springfield, Ohio. El actual vicepresidente Vance explicitó a raíz de amplificar ese bulo que se limitaba a “crear historias a las que los medios americanos presten atención”.
Una infraestructura de la polarización permanente
Ya no hablamos de casos aislados. Existe toda una infraestructura: canales de Telegram “patrióticos”, perfiles “periodistas independientes”, microclústeres sincronizados en X, fachatubers y cuentas políticas que comparten los mismos marcos narrativos, los mismos objetivos y mecanismos de amplificación.
La repetición constante convierte la mentira en “verdad alternativa” para cientos de miles de españoles.
Conclusión: la desinformación ya no es un problema… es un método de gobierno paralelo
La ultraderecha española ha comprendido mejor que nadie las reglas del juego digital actual. En un ecosistema donde la emoción viaja más rápido que la verdad, el bulo se ha convertido en una herramienta estructural de influencia política.
El desafío ya no es solo tecnológico: es democrático. Frente a esta fábrica de mentiras perfectamente engrasada, la sociedad y las instituciones deben reaccionar con inteligencia y contundencia ante lo que el presidente Sánchez ha calificado como “la máquina del fango”.
Porque el problema ya no es que existan bulos.
El problema es que les funcionan… y muy bien a los ultras.