Nueve años después del 17-A: la historia de los atentados que golpearon Barcelona y Cambrils

La explosión de Alcanar, la célula de Ripoll, el atropello de La Rambla, la huida de Younes Abouyaaqoub y el ataque de Cambrils forman una misma historia que comenzó a desvelarse la tarde del 17 de agosto de 2017

17 de agosto de 2026 a las 18:47h
Homenaje a las víctimas del atentado del 17A. Lorena Sopêna / Europa Press
Homenaje a las víctimas del atentado del 17A. Lorena Sopêna / Europa Press

Nueve años después, La Rambla sigue llena. Los turistas continúan caminando entre la plaza de Catalunya y el puerto, las terrazas ocupan buena parte del paseo y el mosaico de Joan Miró permanece en el mismo lugar en el que se detuvo aquella furgoneta blanca. Pero cada 17 de agosto Barcelona vuelve inevitablemente a aquella tarde de 2017 en la que dieciséis personas perdieron la vida y más de 300 resultaron heridas, entre lesiones físicas y secuelas psicológicas.

El origen del 17-A: de Ripoll a Alcanar

El atentado no empezó, sin embargo, en La Rambla. La historia que acabaría con una furgoneta atravesando el centro de Barcelona se había ido gestando durante meses y tenía uno de sus principales escenarios en Ripoll. Allí se había formado el grupo de jóvenes alrededor de Abdelbaki Es Satty, el imán que, según la investigación judicial, desempeñó un papel central en la radicalización y organización de la célula. Los investigadores reconstruyeron posteriormente cómo aquel grupo fue adquiriendo vehículos, materiales y conocimientos para preparar un atentado de grandes dimensiones.

El plan comenzó a desmoronarse la noche del 16 de agosto. En una vivienda de la urbanización Montecarlo de Alcanar se produjo una enorme explosión que destruyó prácticamente por completo el inmueble. Allí murieron Es Satty y Youssef Aalla, mientras Mohamed Houli Chemlal resultó herido. En los restos de la casa aparecerían posteriormente numerosos indicios que permitieron a los investigadores comprender que aquella explosión no era un accidente doméstico, sino que había destruido el centro de operaciones de una célula terrorista que estaba preparando explosivos. La investigación acabaría estableciendo que la detonación obligó al grupo a modificar sus planes.

La tarde que Barcelona quedó paralizada

Al día siguiente, 17 de agosto, los miembros que seguían con vida comenzaron a moverse. Lo que había sido concebido como una operación de mayor alcance terminó transformándose en una sucesión de ataques ejecutados con vehículos y armas blancas. A las 16.50 horas aproximadamente, Younes Abouyaaqoub, de 22 años, tomó una furgoneta Fiat Talento y entró con ella en la zona peatonal de La Rambla. El vehículo recorrió unos 500 metros mientras atropellaba a las personas que encontraba a su paso. El balance inicial fue de trece fallecidos, aunque posteriormente morirían más víctimas a consecuencia de las heridas.

Abouyaaqoub abandonó la furgoneta y consiguió escapar a pie. Mientras los Mossos d’Esquadra desplegaban un dispositivo para localizar al autor del atropello, el joven atravesó la zona de La Boqueria y continuó hacia la Zona Universitaria. Allí se cruzó con Pau Pérez, de 34 años, a quien apuñaló para robarle el vehículo y continuar su huida. El asesinato de Pérez no se conoció con claridad hasta horas después y elevó a quince el número de víctimas mortales directamente relacionadas con la secuencia de Barcelona.

El coche apareció posteriormente en Sant Just Desvern. Abouyaaqoub había vuelto a desaparecer. Durante las horas siguientes, los investigadores fueron uniendo las piezas: la furgoneta, el vehículo robado, los movimientos de los jóvenes de Ripoll y, sobre todo, la explosión de Alcanar. La hipótesis de que no se trataba de un atacante aislado sino de una célula organizada tomó fuerza rápidamente.

Cambrils y cuatro días de búsqueda

Y todavía quedaba otro ataque.

Pasada la una de la madrugada del 18 de agosto, cinco miembros de la misma célula llegaron a Cambrils en un Audi A3. El vehículo se dirigió hacia el paseo marítimo y trató de superar un control policial. Los ocupantes atropellaron a varias personas y el coche terminó volcando. Los cinco salieron del vehículo armados con cuchillos y con cinturones que simulaban ser explosivos. Los Mossos d’Esquadra los abatieron. Una mujer, Ana María Suárez, resultó mortalmente herida y falleció posteriormente. Con su muerte se completó la cifra de 16 víctimas mortales de los atentados de Barcelona y Cambrils.

Para entonces, la investigación ya había permitido identificar buena parte de la estructura. La célula estaba formada por doce integrantes. Algunos habían muerto en Alcanar, otros fueron abatidos en Barcelona, Cambrils o Subirats y tres terminarían siendo juzgados: Mohamed Houli Chemlal, Driss Oukabir y Said Ben Iazza.

Pero durante cuatro días todavía faltó localizar a una persona: el conductor de la furgoneta de La Rambla.

La búsqueda terminó el 21 de agosto. Abouyaaqoub fue localizado en una zona de viñedos de Subirats después de que una vecina alertara de la presencia de un hombre sospechoso. El terrorista llevaba un cinturón explosivo simulado y fue abatido por los Mossos. Con su muerte terminó la persecución de los autores materiales de los atentados.

«No tinc por»: la respuesta de Barcelona

La respuesta de Barcelona también quedó condensada en una imagen que acabaría dando la vuelta al mundo. El 26 de agosto de 2017, apenas nueve días después de los atentados, cientos de miles de personas salieron a las calles para participar en la gran manifestación convocada bajo el lema «No tinc por». La marcha recorrió el centro de Barcelona desde los Jardinets de Gràcia hasta la plaza de Catalunya. Miles de ciudadanos que quisieron expresar su rechazo al terrorismo y su solidaridad con las víctimas. Los familiares de los fallecidos y los supervivientes ocuparon la cabecera, mientras detrás de ellos avanzaba una multitud que convirtió aquellas tres palabras en el mensaje más reconocible de la respuesta social al 17-A.

Nueve años después: las víctimas y las preguntas que siguen abiertas

A partir de entonces comenzó una investigación mucho más larga. La Audiencia Nacional condenó en 2021 a los tres supervivientes de la célula por sus respectivas responsabilidades en la organización terrorista y en los preparativos de los atentados, pero no por los asesinatos cometidos en Barcelona y Cambrils. La Sala de Apelación mantuvo esa absolución respecto de los homicidios y el Tribunal Supremo revisó posteriormente el caso.

Durante estos años se ha mantenido el debate sobre qué información existía antes de los atentados, qué papel desempeñaron los diferentes servicios de seguridad y hasta qué punto se compartió adecuadamente la información relacionada con Es Satty y los integrantes de la célula. El Congreso ha abordado estas cuestiones mediante una comisión de investigación dedicada al derecho a conocer la verdad y a las implicaciones derivadas de los atentados de Barcelona y Cambrils.

Nueve años después, el 17-A sigue siendo una fecha difícil de reducir a una cifra. Fueron dieciséis víctimas mortales, más de un centenar de heridos y centenares de personas afectadas de una u otra manera por los ataques. También fueron miles de personas atrapadas aquella tarde en La Rambla, sanitarios que trabajaron durante horas, policías que participaron en la persecución y ciudadanos que, en medio de la confusión, ayudaron a quienes acababan de convertirse en víctimas.

El aniversario devuelve cada año la mirada al mosaico de Miró, donde la furgoneta terminó su recorrido. Allí se concentran buena parte de los recuerdos de aquella tarde. Pero el 17-A no se explica únicamente por los metros que recorrió aquel vehículo, para entenderlo hay que volver a Ripoll, a Alcanar, a las horas previas y a los cuatro días que separaron el atentado de la muerte de Abouyaaqoub.

Lo que permanece nueve años después son las víctimas, las preguntas y una obligación que no ha cambiado: recordar lo sucedido sin convertir el paso del tiempo en olvido.

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