'La bola negra': Lorca y la memoria homosexual que el franquismo quiso ahogar

La película de Los Javis, elegida por la Academia de Cine para representar a España en los Oscar, parte de una obra inacabada del poeta para explorar su homosexualidad, sus deseos y una identidad atravesada por el silencio

25 de septiembre de 2026 a las 15:09h
Federico García Lorca. Redes sociales
Federico García Lorca. Redes sociales

El estreno de La bola negra, la nueva película de Javier Calvo y Javier Ambrossi (Los Javis) devuelve a Federico García Lorca al centro del debate cultural español. La película, que ha sido seleccionada por la academia de cine española para que represente a España los premios Oscar, llega a los cines este 25 de septiembre, y parte de cuatro páginas conservadas de una obra inacabada de Lorca construyendo, a partir de ellas, una historia que atraviesa 1932, 1937 y 2017. No pretende ser una biografía convencional, sino imaginar qué pudo haber contado el poeta si hubiera podido terminar aquella obra y las armas no hubieran silenciado su voz, aquel 18 de agosto de 1936, cuando fue fusilado en Fuente Vaqueros (Granada) por el bando sublevado, en el marco de la Guerra civil española. 

En la bola negra, la homosexualidad juega un papel importante, ya que, para entender buena parte de la obra de Lorca, es necesario adentrarse en ella, pese a que durante mucho tiempo se intentó separar al poeta de su vida afectiva, este extremo fue ocultado durante el franquismo y los primeros años de la democracia. Sin embargo, su experiencia amorosa y su condición homosexual forman parte del universo de frustración, deseo, silencio y persecución que atraviesa buena parte de su literatura. La bola negra recupera precisamente esa dimensión y convierte lo que pudo quedar inconcluso en una reflexión sobre las vidas que tampoco pudieron desarrollarse plenamente. Cabe recordar en este punto, los exilios cuando no maltratos, de otros intelectuales homosexuales como el también escritor Luis Cernuda, fue el cantador de copla Miguel de Molina. 

Lorca, en su obra jugó con el homoerotismo e intentó plasmar en su obra la realidad oculta de este colectivo. Sin embargo, reducir a Lorca solo por su homosexualidad sería reduccionista, pues en su obra, su pensamiento estuvo vinculado a los valores democráticos de la Segunda República y a una sensibilidad cercana a la izquierda, aunque su personalidad política no puede reducirse a una etiqueta partidista. Podría decirse que la cosmovisión que tenía el orca del mundo era poliédrica, en algunos casos. No se acomplejó al escribir sobre la religiosidad popular andaluza, en un contexto donde el laicismo imperaban en la mayor parte de círculos intelectuales de la izquierda política.

Su “Poema a la saeta” o su poema “Paso” son un ejemplo de la naturalidad con la que Lorca hablaba de la religiosidad popular andaluza -en algunos círculos intelectuales denostada- sin complejos. 

Es especialmente significativo que, noventa años después de su asesinato, en su Andalucía natal, el vínculo entre personas homosexuales y religiosidad popular sigue manteniendo un vínculo muy poderoso.

Lorca no fue simplemente un poeta enfrentado a la tradición. La Semana Santa, las vírgenes, las procesiones, las saetas y el imaginario católico andaluz aparecen constantemente en su obra y en sus recuerdos. Su mirada transformaba esos elementos religiosos en materia poética, mezclando tradición popular y vanguardia, reflejando también en su obra las ocasiones sufridas por las mujeres, a causa de ciertos cánones tradicionales especialmente machistas. Obras a destacar en este aspecto son Yerma y La casa de Bernarda Alba.

Lorca fue sin duda un poeta del pueblo, ya que su compromiso con la cultura fue también profundamente político: llevó el teatro a los pueblos con La Barraca y defendió el acceso popular a la creación artística.

Ese cruce entre lo culto y lo popular constituye una de las grandes aportaciones de la Generación del 27. En su caso, el flamenco, la poesía popular, Góngora, el teatro, el surrealismo y la tradición religiosa convivieron en una obra extraordinariamente moderna.

La homosexualidad hace noventa años 

La concepción de la homosexualidad en términos culturales y jurídicos, en el contexto de la segunda República y los primeros años era dictadura, nos ayuda a comprender el riesgo que suponía entonces vivir una homosexualidad visible. El Código Penal de 1928 había introducido medidas específicamente agravadas para las relaciones entre personas del mismo sexo, pero fue derogado con la llegada de la República. El Código Penal de 1932 dejó de contemplar la homosexualidad como delito específico. La Ley de Vagos y Maleantes de 1933 tampoco incluyó inicialmente a los homosexuales; esa incorporación se produjo en 1954, ya bajo el franquismo, cuyo enfoque penal, fue evolucionando, desde la conceptualización pecaminosa hasta su trato como enfermedad mental ya en los primeros años setenta.

El silencio, el estigma y la presión moral fueron factores poderosos que marcaron a muchos españoles y españolas, a los que el sistema censuró de vivir una vida libre y plena. 

Por eso La bola negra no habla solamente de Lorca. Habla de una España en la que demasiadas vidas quedaron a medias. Y quizá ahí reside su diálogo más profundo con el poeta: en recordar que aquello que una sociedad obliga a esconder puede terminar convirtiéndose, con el paso del tiempo, en memoria, literatura y cultura. 

Elenco

La bola negra, como se mencionó anteriormente, está dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi. En este filme, participan los actores Guitarricadelafuente, Carlos González, Miguel Bernardeau, Milo Quifres, Penélope Cruz, Lola Dueñas y Glenn Close y Albero Cortés. 

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Carlos Jiménez Lerma
Carlos Jiménez Lerma

Redactor ElConstitucional.es

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