La dramática historia del joven Arkaitz Fernández arranca con un 'spoiler'. Desde este pasado viernes duerme en una celda de la prisión de Basauri (Vizcaya), por orden de una jueza de Bilbao y tras ser detenido al internar extraer la tapa de una alcantarilla. La Ertzaintza lo trasladó primero al Hospital de Cruces para ser atendido de las heridas que él mismo se había provocado en las manos al intentar la sustracción.
El problema radica que Arkaitz, un joven nacido en la localidad vizcaína de Portugalete, ingresó en la cárcel apenas 24 horas después de recibir el alta médica en el Hospital Psiquiátrico de Zamudio, donde había estado ingresado debido a su enfermedad mental y sus problemas con las drogas.
Una decisión judicial ignorada
Tiene una discapacidad del 49% reconocida, esquizofrenia y adicciones. "¿Cómo es posible que alguien que estaba ingresado por un problema de salud mental acaba en una cárcel común al dia siguiente?", se pregunta Mertxe, una auténtica 'madre coraje' que lleva tiempo batallando por que su hijo reciba la atención que precisa.
El entorno de Arkaitz denuncia que la prisión es el lugar menos adecuado para él. Hay antecedentes. Mertxe llegó a ser extorsionada en otros ingresos similares por reclusos que la chantajearon para que les transfiriera dinero a cambio de no agredir a su hijo. El Juzgado de Familia número 2 de Barakaldo indicó como su destino más propicio el Centro Aita Menni de Arrasate, una institución en Guipúzcoa especializada en este tipo de casos.
Sin embargo, ninguna de las instituciones vascas -ni el Departamento de Sanidad, ni la Diputación de Vizcaya ni Instituciones Penitenciarias- parecen ver el potencial riesgo que supone Arkaitz, tanto dentro de prisión como en la calle, sin control alguno. "En la calle, volverá a delinquir, consumir drogas y ponerse en peligro", ha denunciado en varias ocasiones su madre.
"Miedo a que pase una desgracia"
"Hablo desde el miedo, desde la rabia y desde la impotencia. Llevo tiempo avisando de la situación de mi hijo Arkaitz. Y hoy me dicen que sale del psiquiátrico por su propia voluntad, porque un juez lo ha decidido así. Pero hace solo dos días tuvo que ser reducido por su agresividad, llamando a los antidisturbios de la Ertzaintza para poder reducirlo. Hubo amenazas, violencia, miedo real. Tuvieron que atarle y medicarle. ¿De verdad alguien creen que está en condiciones de decidir. Tengo miedo de que pase una desgracia, de que me pase a mí o a cualquier otra persona. Quiero evitarlo pero siento que nadie lo está haciendo. Si pasa algo que quede claro que se podía haber evitado", denuncia Mertxe en un mensaje al que ha tenido acceso ElConstitucional.es.
Entre esta denuncia tan desgarradora y el ingreso en prisión, en la historía de Arkaitz Fernández hay una larga cadena de desamparos, desatenciones, irregularidad, presuntas modificaciones de informes y la pesada carga de la burocracia institucional. Como se dice coloquialmente, "seguiremos informando".