Madrid volverá a convertirse en epicentro de la protesta por la vivienda el próximo domingo 24 de mayo. El Sindicato de Inquilinas ha convocado una manifestación que arrancará a las 12:00 horas en Atocha bajo el lema “La vivienda nos cuesta la vida. Bajemos los precios”. La protesta busca reunir a miles de personas para denunciar el aumento descontrolado de los alquileres y la falta de medidas contundentes frente a la especulación inmobiliaria.
La movilización llega pocas semanas después de que el Congreso tumbara la prórroga extraordinaria de los contratos de alquiler, rechazada con los votos de PP, Vox y Junts y la abstención del PNV. El decreto permitía ampliar contratos hasta dos años con límites a las subidas del alquiler. Su caída ha intensificado el malestar entre inquilinos y colectivos sociales, que denuncian una situación cada vez más insostenible para las familias trabajadoras.
Decenas de organizaciones vecinales, sindicatos y plataformas sociales ya han confirmado su participación. Entre ellas figuran colectivos de barrios como Lavapiés, Malasaña, Chamberí, Carabanchel y Tetuán, donde la presión turística y los alquileres temporales están acelerando procesos de gentrificación y expulsión vecinal.
Los convocantes exigen una reducción del 50% en los precios de los alquileres, contratos indefinidos y una mayor intervención pública sobre las viviendas vacías y los grandes tenedores. También reclaman medidas contra los fondos de inversión internacionales y las empresas dedicadas a la compra masiva de vivienda. La operación reciente por la que Blackstone adquirió 5.000 viviendas procedentes de Brookfield Asset Management ha reactivado las críticas contra el modelo inmobiliario actual.
Según datos del Ministerio de Derechos Sociales y el CSIC citados por los colectivos convocantes, el porcentaje de hogares que viven de alquiler casi se ha duplicado en poco más de una década, mientras aumenta la concentración de propiedades en manos de multipropietarios. Los sindicatos denuncian que muchas familias destinan ya más del 70% de su salario al pago del alquiler.
La protesta del 24 de mayo pretende ser el inicio de una campaña sostenida de movilizaciones. Los organizadores aseguran que la crisis habitacional ya no afecta únicamente al acceso a una casa, sino también a la estabilidad laboral, la salud mental y la convivencia en los barrios. “La vivienda se ha convertido en una máquina de empobrecimiento y expulsión”, sostienen desde el movimiento, que apunta directamente a instituciones, grandes propietarios y fondos de inversión como responsables de una emergencia social cada vez más visible.
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