El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, estaría dispuesto a asumir el impacto político y diplomático de restringir el uso de las bases militares españolas por parte de Estados Unidos en el actual contexto internacional. La postura del Ejecutivo marca una diferencia clara respecto a otros socios europeos y sitúa a España en una posición propia dentro del bloque occidental.
Mientras países como Francia, Reino Unido y Alemania mantienen una actitud de colaboración con la estrategia estadounidense, llegando a estar dispuestos a atacar Irán, el Gobierno español considera que el presidente Donald Trump está actuando sin calibrar adecuadamente las posibles consecuencias de sus decisiones. Desde Moncloa se observa con preocupación el riesgo de una escalada con efectos relevantes para la estabilidad europea.
La eventual negativa a autorizar el uso de instalaciones estratégicas como las bases de Rota y Morón supondría un movimiento significativo en la relación bilateral con Washington. De confirmarse, la decisión abriría un debate interno sobre el papel de España en las crisis internacionales y su grado de alineamiento con sus aliados tradicionales.