Es, indiscutiblemente, la noticia del día e incluso se puede llegar a decir que es la noticia del año: Pedro Sánchez convoca elecciones generales para el próximo 29 de noviembre. Y se preguntarán ustedes por qué me paro a subrayar, a enfatizar, que serán elecciones generales y democráticas.
La explicación es muy sencilla. Entiendo que una parte de la derecha, quizá incluso una parte mayoritaria, estará hoy atónita, descolocada, estupefacta. Porque Pedro Sánchez, efectivamente, ha convocado elecciones generales y, además, democráticas.
Lo digo porque los líderes de la derecha y la ultraderecha en España —me refiero a Isabel Díaz Ayuso, Santiago Abascal y, más tímidamente, también a Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular a nivel nacional— nos han dicho, nos han vendido ante la opinión pública, que Pedro Sánchez es un dictador y que España, por consiguiente, es una dictadura. Porque si nos gobierna un dictador, se entiende que España sería una dictadura.
Eso es lo que nos han querido vender.
Ejemplos hay, Ayuso llegó a afirmar que “se nos ha colado un dictador en el sistema”. Feijóo preguntó en sede parlamentaria: “¿No es usted un dictador? ¿O sí?”. Y Abascal ha acusado a Sánchez de haber pasado de “autócrata” en la anterior legislatura a querer ser “directamente un dictador” en esta.
Entonces, si España es una dictadura y, según Feijóo, Ayuso y Abascal, Pedro Sánchez es un dictador, ¿cómo se explica que haya convocado elecciones generales y democráticas, con todos los procedimientos y controles propios de nuestro sistema democrático?
Bueno, pues nos lo tendrán que explicar.
Porque, como siempre digo, la oposición tiene por trabajo y por función oponerse al Gobierno. Hacer oposición, como indica su propio nombre, al Gobierno de España; en este caso, al Gobierno de Pedro Sánchez. Es saludable en democracia tener un contrapeso al Ejecutivo, tener una oposición. Es incluso su obligación hacer una oposición dura cuando considere que debe hacerla.
Pero lo que no es función de la oposición es mentir, intoxicar a la opinión pública y, mucho menos, deslegitimar el sistema democrático.
Y esto es lo verdaderamente importante.
Ya no se trata simplemente de llamar “dictador” a Pedro Sánchez y deshumanizar políticamente al Presidente del Gobierno. Se trata de que Ayuso, Feijóo y Abascal, los principales líderes de la derecha y la ultraderecha en España, han intentado trasladar a la opinión pública que España era una dictadura o que, al menos, avanzaba hacia una dictadura y que Pedro Sánchez era un dictador.
Eso se llama deslegitimar el sistema democrático.
Se trata de introducir un relato en la opinión pública para intentar que ciudadanos españoles crean que, efectivamente, no viven en un sistema democrático, que España no es un país democrático.
Y la realidad es bien distinta.
Además, fíjense si hay cosas para criticar a Pedro Sánchez. Creo que es evidente que existen múltiples cuestiones por las que se le puede criticar: sus cambios de opinión, como él mismo los denomina; promesas incumplidas durante las campañas electorales; o sus pactos con Junts, un partido independentista que es de derechas y que, desde que compite con Aliança Catalana en Cataluña, ha asumido incluso postulados propios de la ultraderecha.
Sin embargo, se nos vendió a Junts dentro de una supuesta “mayoría progresista”. Y ahí ha estado precisamente uno de los grandes problemas de esta legislatura: confiar en un partido como Junts, que finalmente ha contribuido a bloquearla.
No hay más que ver lo ocurrido con los dos decretos de vivienda. Junts votó en contra junto al Partido Popular y Vox. La derecha votó en bloque.
Y con ello se constató el bloqueo de la legislatura. Porque la derecha ya no votaba únicamente contra determinadas medidas. Votaba contra el Gobierno de Pedro Sánchez, un Gobierno que ya ha disuelto las Cortes y ha convocado elecciones para el próximo 29 de noviembre.
Ese ha sido el problema.
Anda que no habrá cosas para criticar a Pedro Sánchez. Pero lo que resulta rechazable y condenable es que la oposición se dedique a intoxicar a la opinión pública, a mentir y a deslegitimar un sistema democrático que, hay que decirlo claramente, España es una democracia.
Pedro Sánchez, con sus más y sus menos, gustará más o menos, pero es un Presidente del Gobierno democrático y totalmente legítimo. Y ahora ha convocado elecciones generales y democráticas.
Por tanto, no tiene ningún tipo de justificación que la derecha y la ultraderecha hayan intentado, a diestra y siniestra, por tierra, mar y aire, deslegitimar nuestro sistema calificando a Pedro Sánchez de dictador, calificando por consiguiente a España de dictadura y deshumanizando políticamente al Presidente del Gobierno.
La oposición tiene que hacer oposición. Y puede hacer una oposición dura, faltaría más. Eso es saludable para una democracia. Lo que no puede hacer es mentir, pervertir los hechos, alimentar relatos populistas y deslegitimar nuestro sistema democrático.
España es un gran país. España es una gran democracia, como reflejan numerosos rankings internacionales.
El próximo 29 de noviembre se celebrará lo que tantas veces llamamos la fiesta de la democracia: las elecciones. Los españoles y españolas están llamados a las urnas.
Y veremos qué ocurre. Porque en España, ya saben, políticamente todo es posible.