“Yo ya sabía que no estaba… es el sentimiento de madre”, asegura en una entrevista en 'ElConstitucional.es' marcada por el dolor, el recuerdo y la lucha tras el asesinato de su hija.
Han pasado los años, pero hay ausencias que no entienden de tiempo. La vida continúa para casi todos. Pero hay historias que no terminan nunca. Historias que se quedan suspendidas en un instante. En una llamada que no llegó nunca. En una madrugada que lo cambió todo.
La madre de Diana Quer rompe su silencio en exclusiva en 'ElConstitucional.es' y lo hace desde ese lugar donde el tiempo parece haberse detenido. Habla con serenidad, pero con una emoción que atraviesa cada palabra. Porque hay pérdidas que no se cuentan. Se viven.
Diana Quer desapareció el 22 de agosto en A Pobra do Caramiñal, Galicia, mientras regresaba a casa después de una fiesta. Era una noche de verano como tantas otras, una madrugada aparentemente normal que no hacía presagiar nada extraordinario. Pero aquella sería la última vez que se viera con vida a Diana.
A partir de ese momento comenzó una espera interminable. Durante 497 días, su familia vivió entre la incertidumbre y la esperanza, mientras España entera seguía cada avance de la investigación. Hasta que, más de un año después, se confirmó lo peor: la joven había sido asesinada por José Enrique Abuín alias “El Chicle”, un delincuente con antecedentes que ya había intentado secuestrar a otra chica en la localidad de Boiro.
Pero antes de todo eso, antes de convertirse en un nombre conocido por todos, en casa Diana era simplemente Diani. Así la llamaban en la intimidad. Así la recuerda su madre, con la cercanía de quien sigue sintiendo su presencia cada día.
“Mi hija sacó de la calle a un asesino que se estaba convirtiendo en reincidente y salvó muchas vidas”
El inicio fue la incertidumbre. La espera que se alarga, la angustia que crece con el paso de las horas y los días. “No quieres creer que pasan los días y no aparece”, explica. Sin embargo, en algún momento, algo cambió. Un presentimiento difícil de explicar, una intuición que solo entiende quien la siente. “Yo ya sabía que no estaba, llámalo sexto sentido si quieres. Es el sentimiento de madre, te dice que es algo tremendo y te temes lo peor”.
La confirmación llegó después, justo el último del día del año de 2017 y con ella una herida que, asegura, nunca se cierra. “A Diani le quitaron su dignidad y luego la asesinaron, no puede existir peor final”.
A partir de ese momento, la vida se transforma. Nada vuelve a ser igual. “Una herida así nunca se cierra, no nos han preparado para semejante desgracia”, explica, consciente de que el dolor no desaparece, sino que cambia con el tiempo. “El dolor vuelve continuamente. Fueron tantos sueños sin cumplir…”.
“Yo ya sabía que no estaba, llámalo sexto sentido si quieres. Es el sentimiento de madre, te dice que es algo tremendo y te temes lo peor”
Sin embargo, en medio de ese vacío, el recuerdo se convierte en refugio. La imagen de su hija, su sonrisa, su forma de ser. “Siempre te quedas con ese amor que no muere nunca. Ella están con nosotros y nos acompañará toda nuestra vida”. Un vínculo que, asegura, sigue presente. “Me siento muy cerca de Diani y será siempre mi gran amor”.
El paso de los años también ha dejado espacio para una reflexión más serena. La madre de Diana reconoce que, con el tiempo, el odio pierde fuerza y el amor gana terreno. Su intención, explica, ha sido siempre que el recuerdo de su hija no se quede en el crimen, sino en la persona que era, en su bondad y en la huella que dejó.
Una huella que, además, tuvo consecuencias. “Mi hija sacó de la calle a un asesino que se estaba convirtiendo en reincidente y salvó muchas vidas”. Una idea que le da sentido a la lucha que ha mantenido desde entonces, aunque el dolor nunca desaparezca.
“El amor no muere nunca”
Hoy, años después, el recuerdo sigue intacto. La ausencia también. Pero hay algo que permanece por encima de todo: el amor. Porque, como repite durante la conversación, hay vínculos que no se rompen con el tiempo.
“El amor no muere nunca”.