Este lunes la Audiencia Nacional encara la recta final de la vista oral en el juicio por el ‘caso Kitchen’, que investiga el presunto operativo parapolicial en 2013, para espiar al extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, para recuperar documentos de la caja B del partido, con el fin de proteger a la formación ante las investigaciones del caso Gürtel, la mayor trama de corrupción que señaló al PP. El juicio se va a prolongar hasta el 30 de junio.
En la jornada de hoy se han sentado a declarar los acusados, el excomisario José Manuel Villarejo y el exdirector adjunto operativo (DAO) Eugenio Pino. "Hubo un reunión entre Sánz Roldán–ex director del CNI–, el presidente del Partido Popular y entonces del Gobierno–Mariano Rajoy– y el rey emérito donde deciden destruirme porque era un testigo molesto", ha apuntado el excomisario.
En su declaración, Villarejo ha comenzado diciendo que fue Pino quien le ordenó reclutar como confidente al chófer de Bárcenas, Sergio Ríos, asimismo le ha señalado por ser quien también le encomendó ponerse en contacto con el excomisario jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO), Enrique García Castaño.
El excomisario José Manuel Villarejo ha acusado al expresidente del Gobierno Mariano Rajoy de haberse “aprovechado” de la operación Kitchen y ha llegado a sostener que “todos fueron engañados por el genio Rajoy”. Según su versión, la información que obtenía a través del chófer de Luis Bárcenas era trasladada al entonces secretario de Estado de Interior, Francisco Martínez, quien, afirma, recibía los datos que podían preocupar al presidente del Gobierno. Villarejo sostiene que Rajoy habría utilizado esta operación, que califica como “oficial y correcta”, para tratar de localizar información o bienes en el extranjero que pudieran afectarle directamente.
En su declaración, Villarejo también ha defendido que el objetivo de aquella actuación no era exclusivamente intervenir la información de Bárcenas relacionada con el Partido Popular. Según ha explicado, la información que manejaba era de gran relevancia y apuntaba a “la gravedad” de los datos que el extesorero podía tener, los cuales —ha dicho— afectarían a “altas instancias de la seguridad del Estado”. En este sentido, ha afirmado que consideraba que esa documentación podía suponer un riesgo, lo que, a su juicio, justificaba el seguimiento de la operación.
El supuesto espionaje
La supuesta operación se fragua gracias a la colaboración de la principal figura de la ‘Kitchen’, el excomisario José Manuel Villarejo, el cual se encarga presuntamente de contactar con el chófer de Bárcenas, Sergio Ríos, apodado como el “chef”, para vigilar a la familia del extesorero, pinchar la conversaciones, seguir movimientos y entregar documentos y grabaciones que Bárcenas guardaba en un taller que pudieran dañar al PP. El sumario recoge un total de 53.266 euros de fondos reservados del Ministerio del Interior que se desviaron al pago mensual del 2.000 euros a Ríos.
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