Como estaba previsto, Vox ha tumbado este miércoles en primera votación la investidura de María Guardiola como presidenta de Extremadura y ha vuelto a activar el cronómetro de aquí hasta el viernes para dar luz verde a una candidata popular que quedará públicamente debilitada, o para forzar una repetición electoral que en la sede del PP en Génova 13 provoca sarpullidos.
El propio Santiago Abascal ha querido demostrar que es su partido quien lleva las riendas del futuro político de Extremadura y lo ha hecho refiriéndose a este asunto en la siguiente 'ventana' electoral que medirá el pulso entre el partido ultra y el PP: la campaña de las autonómicas de Castilla y León del próximo 15 de marzo.
"El discurso de la señora Guardiola fue interesante, pero es insuficiente todavía para llegar a un acuerdo. Me pareció mucho más interesante el discurso de nuestro portavoz, que ha hablado con mucha claridad de que nos podremos poner de acuerdo cuando se pase de las musas al teatro y cuando concretemos medidas precisas", ha afirmado Abascal en León.
Palo en Extremadura, zanahoria en Aragón
Los estrategas de Vox siguen exprimiendo al máximo su plan respecto al partido con el que comparten un mayor caladero de votos, el PP. Y manejan los hilos a su conveniencia: 'palo' a María Guardiola haciéndole sudar su investidura, 'zanahoria' a Jorge Azcón en Aragón echádose a un lado sin presentar un candidato propio a la presidencia de las Cortes y facilitando que el PP haya logrado el preciado cargo.
Fuentes de Vox reconocen que las negociaciones dicretas en Aragón "van razonablemente bien". Eso sí, nadie espera ninguna novedad relevante hasta que se resuelvan los comicios de Castilla y León el 15-M.
Mientras, de forma paralela, la cúpula de Vox sigue acelerando su estrategia de "lepenización" a la búsqueda de ampliar su techo electoral al ansiado 20% de los votos. La última encuesta, publicada este miércoles por el diario El País y la Cadena SER, lo ha puesto a tiro, otorgándole un 18,8%.
Abascal busca también votos en los barrios populares -al modo del partido de Marine Le Pen- purgando perfiles antiguos, como Javier Ortega-Smith en Madrid o José Ángel Antelo y promocionando nuevos dirigentes mucho menos radicales como Carlos Hernandez-Quero, el dirigente a la caza del voto menos idelogizado y menos "patriota".