En muchas ocasiones, como seguramente muchos y muchas de ustedes sabrán, he debatido y discrepado -duramente, incluso- en tertulias con Sarah Santaolalla a la que, por otra parte, considero una gran analista política y, más aún, gran compañera. Y precisamente esa es la base de una democracia sólida y saludable: el discrepar y el debatir. Por eso, y creyendo firmemente en esto, quiero públicamente defender a Sarah Santaolalla de los sistemáticos ataques incluso personales y machistas que recibe desde sectores, especialmente, de la derecha y ultraderecha habiendo remtado este fin de semana con el vil ultraje a la tumba de las Trece Rosas -símbolo de la lucha contra la represión de la dictadura franquista- con amenazas de muerte contra mi compañera de análisis y debate.
Fíjense, en tantas ocasiones -es público-, he defendido, cuando así lo he estimado oportuno y siempre con total independencia, propuestas del Partido Popular de Feijóo al igual que, de la misma forma, lo he hecho con Pedro Sánchez y su Gobierno o con cualquier otra formación o Ejecutivo. Y no me cuesta reconocer las medidas -o declaraciones- que hacen tanto desde el PP como desde el PSOE que, a mi parecer, considero correctas.
Pero en cuanto a las críticas, sí es una evidencia indiscutible, y hablo tanto como periodista y como director de ‘ElConstitucional.es’, que especialmente al PP y a Vox le sientan muy mal las críticas de los periodistas y medios de comunicación. Ante esto, queridos políticos a los que no os gustan las críticas de los periodistas, os solo digo una cosa: ajo y agua. Porque esa es la columna vertebral, precisamente, de una democracia, también de la nuestra, la libertad de información y de expresión. No hay más. Os tenéis que comer las críticas, como se dice coloquialmente, con patatas.
En síntesis, lo suyo en cualquier democracia es que los políticos y sus partidos, sean de la ideología que sean, de derechas o de izquierdas o ultras o mediopensionistas, no solo no deberían rechazar las críticas de los periodistas sino que, muy al contrario, ensalzarlas. Gracias a ellas se fortalece la libertad y el pluralismo que son la base ineludible de cualquier país democrático.
Y esto, de hecho, es lo que siempre vamos a defender en el periódico ‘ElConstitucional.es’ que ha nacido esta semana y que dirijo.