¿Necesitamos más armas o más inteligencia?

Jorge Gómez, ex miembro del CNI y colaborador de 'ElConstitucional.es'
10 de junio de 2026 a las 10:55h
Reconstrucción de los hechos con la presencia de la acusada, a 26 de mayo de 2026.  Javier Fernández / Europa Press
Reconstrucción de los hechos con la presencia de la acusada, a 26 de mayo de 2026. Javier Fernández / Europa Press

La Criminalidad Organizada Transnacional (COT) ha sido siempre una de mis grandes preocupaciones de estudio. Creo que es uno de los más importantes problemas del mundo actual y su avance se produce día a día sin que parezca que podamos evitarlo. Me atrevería a decir que la COT y la desinformación son los dos grandes problemas del mundo actual.

Algo que parece indudable es que si las actividades criminales crecen solamente puede ser por dos motivos, o porque no se emplean los medios suficientes en la lucha contra los grupos criminales o porque los métodos adecuados no son los más adecuados, Considero que el problema está en ambas cuestiones, aunque me gustaría centrarme solamente en la segunda, los métodos utilizados.

Si observamos lo que está ocurriendo en el sur de nuestro país, donde la actividad del narcotráfico crece sin control, y observamos las peticiones al respecto, podremos confirmar que todas ellas se refieren a la utilización de armas de guerra y la posibilidad de abrir fuego contra los motores de las lanchas, en versión de los más moderados y a los ocupantes, en versión de los menos moderados. Creo que, con el máximo respeto a los compañeros caídos en esta lucha, nos equivocamos de camino, la fuerza no debe convertirse en el elemento prioritario de enfrentamiento. Podemos disponer de armas largas y utilizarlas, pero eso no nos garantiza que ellos dispongan también de ellas y las utilicen. Y dónde debería parar esta situación.

Lo que parece indudable es que, en todo el mundo, especialmente en aquellos lugares donde crece la actividad de los grupos criminales, se está produciendo una especia de militarización de las fuerzas policiales, aunque sean bastantes los ejemplos que nos muestran que esta no es la solución, que este no es el camino correcto. Pongamos como ejemplo México, donde la policía va armada hasta los dientes y los criminales también, pero quien está perdiendo en el enfrentamiento es el Estado y lo que es peor aún, no solamente pierde la batalla al crimen organizado, sino que pierde el control de parte de su territorio. Mientras su presidenta se dedica a debates absolutamente absurdos su incapacidad para controlar a los criminales es manifiesta.

Parece avanzar una idea antigua de que a la fuerza se la derrota con más fuerza. Si observamos el equipamiento policial, la uniformidad, sus tácticas y procedimientos, nos encontramos ante una imagen más parecida a un grupo de operaciones del Ejército que a una unidad policial, a una unidad dispuesta para la guerra y no para la actividad policial, a unos pseudo soldados dispuestos a luchar para ganar una batalla y neutralizar a sus enemigos y no a luchar para que impere la ley y el orden. El objetivo de una unidad armada hasta los dientes es utilizar la potencia de fuego de la que disponen y el escenario de nuestras calles no es el escenario de un campo de batalla. Estoy seguro de que el uso de esa fuerza nos traerá más problemas que beneficios y nos llevará a confundir los objetivos de unos y otros.

¿Por qué tratamos de utilizar soluciones viejas para problemas nuevos? Si lo que buscamos es la ventaja de una mayor potencia de fuego en el enfrentamiento directo habremos fracasado y nuestros disgustos y amarguras irán aumentando. Nuestra fuerza, nuestro valor, está directamente relacionado con el uso del arma más poderosa, nuestro cerebro, con la incorporación de la inteligencia y contrainteligencia a la actividad policial y poder con ello ejercer la anticipación y cortar sus pasos antes de que llegue el enfrentamiento directo, que siempre puede acarrearnos resultados imprevisibles.

Tanto la seguridad del Estado como la seguridad privada se ven influenciadas por las tácticas militares, adecuadas para el campo de batalla, pero no para las calles de nuestras ciudades. Un convoy militar y su sistema de protección, que recorre un terreno sobre el que no tiene control y está expuesto a numerosos riesgos y vectores de ataque, funciona siempre de forma reactiva, la falta de control genera siempre un escenario en el que la potencia de fuego forma parte esencial de la respuesta ante una acción hostil.

Podríamos recordar aquí la muerte de nuestros compañeros del CNI en Latifiya (Irak), el 29 de noviembre del año 2003, donde un ataque con armas largas y solamente la posibilidad de responder con armas cortas de nuestro equipo produjo la muerte de siete de los ocho compañeros que viajaban por esa carretera. Ahí si hubiese sido esencial la potencia de fuego, para contener la emboscada y ganar tiempo para que llegasen refuerzos. Lo que ocurre es que si mis compañeros dispusiesen de esa potencia de fuego que no tenían hubiesen disparado a matar, sin pedir permiso, sin ningún problema, porque aquello era una operación militar.

Es necesario introducir las actividades de inteligencia y contrainteligencia en las unidades policiales, en su forma de actuar, es necesario generar anticipación, prevenir para no lamentar, utilizar el cerebro y no la pistola o el fusil. Si no cambiamos nuestros conceptos, si no modificamos nuestra metodología de actuación, si no demostramos ser más inteligentes que ellos, no me cabe duda alguna de que perderemos más compañeros y derramaremos más lágrimas, a pesar de que estén armados hasta los dientes.

Tenemos que forzar a las autoridades para que doten a las FCSE de unidades de inteligencia y contrainteligencia, con el único objetivo de proteger a sus compañeros con cargadores llenos de información, que anulen las actividades criminales sin necesidad de pegar tiros y que arrinconen la fuerza como el último recurso. ¿Qué se necesita para revertir la situación actual?. Pues mucha calle, muchas fuentes, muchos agentes especializados en obtener información sobre el terreno, allí donde más les duele a los criminales, en su propio barrio. Y para ello se necesitan profesionales muy especiales que han sido arrinconados a los despachos, a los que no se les ha dejado trabajar porque lo de las fuentes es un lio.

La situación actual evidencia que los métodos no son los adecuados y que cuando se trata de obtener información la actividad humint es indispensable, la calle, ese escenario que nos hemos dejado arrebatar y ahora pagamos las consecuencias. No nos vencen porque tengan más armas que nosotros, nos vencen porque tienen más fuentes y más información.

Como final de este artículo, y aunque sé que me traerá muchas críticas, pero mentiría si dijese otra cosa, hemos mejorado la apariencia, la uniformidad, el armamento, la pose de nuestro policías y guardias, pero, poco a poco, se va perdiendo la esencia de lo que significa ser miembro de las FCSE. Nuestros guardias y policías quieren puestos de trabajo de horario laborar, 8 horas al día, con festivos y días de compensación, mientras que los delincuentes emplean en su trabajo las 24 horas del día, nos llevan 16 horas de ventaja cada jornada.

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