El presidente socialista de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, lo ha vuelto a hacer. En distintos foros y apariciones públicas se muestra muy duro con el Gobierno de Pedro Sánchez. Además, esta semana ha compartido espacio con Felipe González, donde ambos han llegado a reclamar la dimisión de Sánchez, la convocatoria de elecciones y han sostenido que el PSOE atraviesa el peor momento de su historia. En esas intervenciones también se ha llegado a comparar la situación actual con etapas anteriores del partido, incluso con el final del Gobierno de Felipe González.
En ese mismo entorno de debate, se ha defendido que el condenado Víctor de Aldama no ingresara en prisión, una posición que contrasta con el tono que se le atribuye en otros contextos. Porque, según se expone, García-Page adopta un discurso especialmente duro en televisión y en los foros que comparte con Felipe González, mientras que ese tono se suaviza cuando interviene en el Comité Federal del PSOE o en la sede de Ferraz, donde su posicionamiento aparece más contenido.
A partir de ese contraste se plantea una reflexión sobre la coherencia política. Se defiende la existencia de la disidencia interna como parte habitual de la democracia dentro de los partidos, pero se pone el foco en la distancia entre los mensajes trasladados en espacios públicos y los expresados en los órganos internos del PSOE. Esa diferencia de tono se interpreta por algunos como una falta de coherencia, mientras otros la ven como parte de la pluralidad interna, convirtiéndose en el eje central del debate político.
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