He aceptado la propuesta. A partir de ahora firmaré artículos orientados a desentrañar la actualidad política: explicar qué pasa, por qué pasa y, sobre todo, qué impacto real tiene para todos y cada uno de nosotros cada decisión que se adopta en las principales instituciones del país. Más allá del titular y del ruido —que de eso vamos sobrados—, la intención es aportar contexto, claves de lectura y anticipar posibles escenarios. Porque en política casi nada es casual y casi todo tiene consecuencias.
Lo más importante: prometo hacerlo con honestidad. No he dicho objetividad. Repito: honestidad. La objetividad absoluta es un ideal teórico; la honestidad, en cambio, es una obligación profesional. Honestidad para contar lo que ocurre, aunque incomode, tratando de recuperar la principal función de intermediación. Ortodoxia en el método. Y fidelidad a los hechos constatados y contrastados, que son la única materia prima decente de este oficio.
Vivimos tiempos convulsos —aunque eso ya lo habrán leído en otros lugares, probablemente en mayúsculas—. Tiempos en los que la descalificación permanente del adversario se ha normalizado, donde el matiz cotiza a la baja y el eslogan se impone al argumento. Tiempos de inteligencia artificial y algoritmos. Tiempos extremos, polarizantes. Ocurre en la política, sí, pero también en la calle. Y, seamos claros, también dentro de nuestra propia profesión, donde a veces el ruido compite peligrosamente con la (des)información.
Por eso, espacios como ElConstitucional.es, comprometidos con lo expuesto, son un buen lugar para tomar partido. Sí, tomar partido. No por unas siglas, sino por el rigor, por el debate fundamentado y por el respeto a la inteligencia del lector. Si vamos a dibujar el rumbo, hagámoslo con datos encima de la mesa.
Aquí empieza esa conversación. Con vocación de servicio, espíritu crítico y la convicción de que entender la política es el primer paso para no resignarse a ella.