Hablar de salud sexual ya no es un tema de sobremesa incómoda. Cada vez más personas compran productos de bienestar íntimo por internet, y los profesionales sanitarios insisten en lo mismo: elegirlos bien importa tanto como usarlos. Material, talla, conservación e higiene marcan la diferencia entre un producto seguro y uno que puede dar problemas.
Preservativos: el único método que también protege frente a las ITS
Los informes de vigilancia epidemiológica del Ministerio de Sanidad llevan años registrando un aumento de las infecciones de transmisión sexual, como la gonorrea, la sífilis o la clamidia. En ese contexto, el preservativo sigue siendo el único método anticonceptivo que, además de evitar un embarazo, reduce el riesgo de contagio de estas infecciones.
Pero no todos los preservativos son iguales, y elegir el adecuado es parte de la protección. Estos son los puntos que conviene revisar:
- La talla. El tamaño de un preservativo se indica por su ancho nominal, en milímetros. Uno demasiado estrecho aprieta y puede romperse; uno demasiado ancho puede deslizarse. Hoy se encuentran preservativos de distintas tallas, desde modelos ajustados hasta tamaños XL.
- El material. La mayoría son de látex. Para las personas con alergia a este material existen alternativas sin látex, como el poliisopreno o el poliuretano.
- El lubricante que se usa con ellos. Con preservativos de látex solo deben usarse lubricantes de base agua o de silicona. Los aceites, la vaselina o las cremas de masaje con base oleosa debilitan el látex y aumentan el riesgo de rotura.
- La caducidad y la conservación. Hay que mirar la fecha de caducidad y el marcado CE en el envase, y guardarlos lejos del calor. La cartera o la guantera del coche no son buenos sitios para llevarlos durante semanas.
Bolas chinas: un aliado del suelo pélvico, con matices
Las bolas chinas, también llamadas bolas de Kegel, se han popularizado como complemento para trabajar la musculatura del suelo pélvico. Esa zona sostiene la vejiga, el útero y el recto, y puede debilitarse con el embarazo, el parto, la menopausia o el paso de los años.
Los fisioterapeutas especializados en suelo pélvico recuerdan que no son un producto para usar a ciegas. Antes de empezar, sobre todo después de un parto o si hay dolor, pérdidas de orina o sensación de peso, lo recomendable es una valoración profesional. Es quien puede decir si conviene usarlas y con qué peso empezar. Durante el embarazo o la cuarentena, no deben usarse sin el visto bueno del especialista.
A la hora de elegir bolas chinas vaginales, estos son los detalles que más pesan:
- Material no poroso. La silicona de grado médico es la opción más habitual: es lisa, se limpia con facilidad y no retiene bacterias como los materiales porosos.
- Peso y número de bolas. Lo habitual es empezar con modelos ligeros, de una sola bola, e ir subiendo de forma progresiva. Algunos juegos incluyen varias bolas de distintos pesos para avanzar por etapas.
- Cordón de extracción. Debe ser firme y estar bien unido al cuerpo de la bola, para retirarla sin dificultad.
- Tiempo de uso. Al principio se aconsejan periodos cortos, que se alargan poco a poco. Si aparecen molestias, hay que parar.
Higiene: el paso que más se olvida
Cualquier producto íntimo reutilizable debe lavarse antes y después de cada uso con agua templada y un jabón neutro, o con un limpiador específico, y secarse bien antes de guardarlo. Conviene guardar cada producto por separado, en su funda o en una bolsa de tela, para que no se dañe ni coja polvo. Y los productos de uso personal no deberían compartirse sin un preservativo nuevo de por medio.
Comprar con información, no con prisa
Las tiendas especializadas en bienestar sexual, tanto físicas como online, permiten hoy comparar materiales, tallas y características con calma, sin la presión del mostrador. La recomendación de los profesionales es sencilla: leer la ficha del producto, comprobar el material y la talla, y ante cualquier duda de salud, consultar con un médico, una matrona o un fisioterapeuta de suelo pélvico.
Cuidar la salud íntima no tiene nada de tabú. Es, simplemente, otra forma de cuidarse.
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