Las negociaciones entre PP y Vox en Extremadura han entrado en una fase decisiva tras semanas de bloqueo en la investidura de María Guardiola. En el entorno de la dirigente popular aseguran que el entendimiento está muy avanzado y sitúan el nivel de coincidencia en el “90%”, al tiempo que piden “responsabilidad” para cerrar el acuerdo.
Este cambio de ritmo se produce especialmente tras los resultados en las elecciones de Castilla y León, que han reforzado la idea de que el electorado penaliza los bloqueos institucionales. En el PP interpretan que ese escenario ha empujado a Vox a mover su posición en las negociaciones.
Además, la dirección nacional de Vox cuenta ahora con menos margen para dilatar los acuerdos autonómicos, en un momento en el que el partido ya ha expresado su intención de entrar en varios gobiernos, entre ellos el de Extremadura, lo que influye directamente en el desarrollo de las conversaciones.
Como muestra de la cercanía del pacto, la dirección del PP extremeño ha pedido a diputados y altos cargos que no se desplacen en los próximos días ante la posibilidad de que se cierre el acuerdo de forma inminente, incluso antes de Semana Santa.
Desde el entorno de Guardiola insisten en que la base del acuerdo está prácticamente definida y mantienen abierta la puerta a la entrada de Vox en el Ejecutivo autonómico: “Que entren si quieren”, señalan, dejando claro que no descartan esa opción si facilita el acuerdo.
En Aragón, donde también hay negociaciones abiertas, el PP adopta un tono más prudente y centra el debate en el contenido de las políticas. Desde el entorno de Jorge Azcón plantean dudas sobre las intenciones de Vox: “¿Ellos quieren sillones?”, se preguntan, insistiendo en priorizar un acuerdo programático.
Aun así, en esta comunidad, como en Castilla y León, los populares muestran preferencia por gobernar en solitario. No obstante, admiten que la entrada de Vox no sería un obstáculo definitivo si es la condición para alcanzar un acuerdo.
En el caso de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco apuesta por un pacto parlamentario con Vox, sin su entrada en el Gobierno autonómico. El presidente defiende un programa conjunto “de cuatro años” y coincide con Santiago Abascal en que “lo importante no son los sillones”.