Dormir bien no depende solo del número de horas. Así lo explica la psicóloga y doctorada en medicina del sueño Nuria Roure, que insiste en que el descanso adecuado es una combinación de cantidad y calidad, dos factores que influyen directamente en la salud.
En adultos, la recomendación general se sitúa entre las siete y ocho horas de sueño. Sin embargo, alcanzar ese tiempo no garantiza por sí solo un buen descanso. La continuidad del sueño y la ausencia de interrupciones durante la noche son igual de importantes.
No basta con dormir ocho horas
Según explica la experta, en un vídeo publicado en su cuenta de Instagram, es posible dormir las horas recomendadas y, aun así, no descansar correctamente.
Las interrupciones nocturnas, despertares frecuentes o sueño fragmentado, impiden que el organismo complete los ciclos de descanso, lo que reduce su efecto reparador.
Esto significa que una persona puede pasar ocho horas en la cama, pero levantarse cansada si la calidad del sueño no ha sido buena.
Dormir menos de seis horas tiene consecuencias
El problema se agrava cuando el descanso se reduce por debajo de ciertos niveles.
Nuria Roure advierte de que dormir menos de seis horas de forma habitual está relacionado con un mayor riesgo de desarrollar distintos problemas de salud.
Entre ellos:
- Obesidad
- Diabetes
- Depresión
- Mayor probabilidad de consumo de sustancias
- Y otras alteraciones que afectan al bienestar general
Estos efectos no aparecen de un día para otro, pero sí están asociados a una falta de descanso sostenida en el tiempo.
La clave está en la combinación de cantidad y calidad
El mensaje principal es claro: no se trata solo de dormir más, sino de dormir mejor.
Un descanso adecuado implica:
- Alcanzar las horas recomendadas
- Mantener un sueño continuo
- Evitar interrupciones frecuentes
Cuando ambos factores se combinan, el cuerpo puede recuperarse correctamente y mantener un equilibrio físico y mental.
El sueño es uno de los pilares básicos del bienestar, al mismo nivel que la alimentación o la actividad física.
Pequeños cambios en la rutina diaria pueden influir en la calidad del descanso, y con ello, en la salud a largo plazo.