Die Linke gana en Berlín prometiendo expropiar viviendas y demuestra que la izquierda también puede disputar el voto del descontento

Elif Eralp duplica el apoyo a Die Linke con una campaña contra los alquileres y los grandes propietarios; el desplome de la CDU contrasta con el avance de la ultraderecha AfD y la promesa de Merz de frenar las expropiaciones

21 de septiembre de 2026 a las 21:01h
Elif Eralp, la candidata de Die Linke que gobernará Berlín tras ganar las elecciones regionales. Elaboración propia (Imágenes de Die Linke y X; mapa de Wikipedia)
Elif Eralp, la candidata de Die Linke que gobernará Berlín tras ganar las elecciones regionales. Elaboración propia (Imágenes de Die Linke y X; mapa de Wikipedia)

El alquiler ha llevado a Die Linke a ganar Berlín. La formación de Elif Eralp fue la más votada este domingo en la capital alemana después de una campaña que prometió poner límites a los grandes propietarios y recuperar viviendas para el control público. Su victoria golpea a la CDU, que gobernaba la ciudad junto al SPD, y ofrece una respuesta de izquierdas a un malestar que también está alimentando a la ultraderecha.

Die Linke obtuvo el 25,7% de los votos, frente al 12,2% de 2023. La CDU cayó al 18,8%; la ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) subió al 16,3%; los Verdes lograron el 14,3% y el SPD quedó quinto con el 12,1%. Según el resultado provisional, la izquierda tendrá 47 de los 158 escaños del Parlamento berlinés. Ha ganado con claridad, aunque necesitará socios para llevar a Eralp al Gobierno.

Jurista e hija de refugiados políticos turcos, Eralp ha hecho campaña en los barrios y alrededor de una pregunta cercana para buena parte de sus vecinos: quién puede permitirse seguir viviendo en Berlín. Die Linke llegaba a estas elecciones tras años difíciles, incluida la escisión de Sahra Wagenknecht. También arrastraba su propia historia en materia de vivienda. La candidata reconoció como un error que su partido participara hace dos décadas en la venta de una gran empresa pública de pisos. Ahora pide recuperar poder frente a las inmobiliarias que dominan el mercado.

La vivienda, en el centro de la campaña

La presión del alquiler tiene cifras concretas. Según el banco público Investitionsbank Berlin, el precio mediano de las viviendas anunciadas para alquilar pasó de 9 euros por metro cuadrado en 2016 a 15,78 en 2025. Es una subida del 75,3% para quienes buscan piso; el dato mide las nuevas ofertas, no lo que pagan todos los inquilinos con contratos anteriores. En una ciudad donde la mayoría vive de alquiler, encontrar otra casa se ha convertido en un problema económico y también en el temor a tener que abandonar el barrio.

Eralp propone congelar durante un año los alquileres de las empresas públicas de vivienda y limitar después sus subidas. También quiere reforzar la vigilancia de los precios ilegales y socializar, con indemnización, unas 220.000 viviendas de grandes compañías privadas. Recupera así una exigencia que Berlín ya votó en 2021. Aquel referéndum, favorable con el 57,6% de los votos emitidos, pedía elaborar una ley para trasladar esos inmuebles al ámbito público, pero su resultado no obligaba al Gobierno a aprobarla.

La campaña sumó presencia en reuniones de inquilinos y recorridos puerta a puerta a esas promesas. El alcance se ve en la participación, que pasó del 62,9% al 74,2%. El modelo de transferencia de voto de Infratest dimap estima que Die Linke atrajo a unos 75.000 antiguos abstencionistas, además de votantes de los Verdes y del SPD. Son estimaciones de encuesta, pero muestran que Eralp creció más allá de los electores que ya tenía su partido.

El voto joven fue decisivo. Según el análisis postelectoral de Infratest dimap, Die Linke alcanzó el 49% entre los votantes de 25 a 34 años y el 43% entre los de 16 a 24. El encarecimiento de la vivienda afecta especialmente a quienes intentan emanciparse o cambiar de piso. Eralp consiguió convertir esa dificultad cotidiana en un motivo para acudir a las urnas.

La ultraderecha AfD también crece y Merz prepara su respuesta

La otra cara del domingo obliga a mirar más allá de Berlín. La AfD ganó en Mecklemburgo-Pomerania Occidental con el 38,2%, por delante del SPD de la presidenta regional Manuela Schwesig, que obtuvo el 35,5%. La CDU se quedó en el 4,9% y fuera de aquel Parlamento, por primera vez en su historia en un estado federado. En Berlín, la extrema derecha ganó más de siete puntos respecto a 2023 y fue la opción más votada entre los trabajadores, con un 29% según Infratest dimap.

Las dos elecciones dejan mal a la CDU del canciller Friedrich Merz, pero cuentan historias distintas sobre el destino del voto descontento. En Berlín, la estimación de Infratest atribuye a Die Linke unos 75.000 votos de antiguos abstencionistas; la AfD habría recibido unos 61.000 y otros 60.000 de personas que antes votaron a la CDU. La izquierda ha podido movilizar el malestar en la capital con una respuesta sobre los alquileres. En Mecklemburgo, Die Linke se quedó en el 6,5% y fue la AfD quien dio el gran salto.

Para Eralp, la prueba inmediata será formar Gobierno. Die Linke, Verdes y SPD sumarían 95 escaños, una mayoría holgada sobre el papel. El conflicto está en la vivienda: el candidato socialdemócrata, Steffen Krach, rechaza socializar las grandes inmobiliarias. También existe una mayoría alternativa de CDU, Verdes y SPD, mucho más ajustada. Y, aun con un acuerdo político, trasladar esos pisos al control público exigiría resolver el coste de las indemnizaciones y acompañar la medida de más vivienda asequible.

Merz ya ha intervenido en esa disputa. Este lunes anunció que su Gobierno prepara una ley federal para impedir la socialización de grandes empresas de vivienda. Es, por ahora, un proyecto anunciado, mientras Eralp mantiene su compromiso y admite que tendrá que negociar. La promesa que dio a Die Linke una posición de fuerza en las urnas será también el asunto más difícil de cerrar con el SPD.

La izquierda española mira a Berlín

El resultado ha tenido eco inmediato en España. El coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, ve en la victoria un respaldo a intervenir la vivienda y frenar la especulación. Más Madrid y Movimiento Sumar han destacado la fuerza de Die Linke entre los jóvenes y su enfrentamiento con los grandes propietarios. Son reacciones en un momento en que esos partidos reclaman al Gobierno español medidas más contundentes para bajar los alquileres.

Podemos ha hecho una lectura parecida, aunque sigue enfrentado políticamente al espacio de Sumar. Irene Montero ha señalado la promesa de bajar las rentas y expropiar viviendas acaparadas por fondos de inversión; Ione Belarra pide seguir ese ejemplo frente a los grandes especuladores. Gabriel Rufián, desde ERC, ha reivindicado una izquierda capaz de concentrarse en los problemas de la gente y traducir sus propuestas en leyes.

Berlín ofrece a todos ellos un caso potente, con sus límites. Eralp disputó una elección regional en una ciudad de inquilinos, construyó una campaña de barrio y contó con una demanda respaldada desde hacía cinco años por un referéndum. En España, Sumar y Podemos siguen sin acordar una candidatura común para las generales, mientras sus diferencias con el PSOE en vivienda tienen una prueba parlamentaria reciente. La semana pasada, el Congreso rechazó la propuesta de Sumar para impedir que los fondos de inversión compren viviendas; el PSOE se abstuvo.

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Jaime Barrionuevo, redactor de ElConstitucional.es
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