La opción real de que Trump pierda la guerra de Irán convierte la postura de firmeza de Sánchez en un potencial éxito geoestratégico

Las predicciones del llamado “Nostradamus de China” cobran fuerza a medida que el conflicto amenaza con extender sus consecuencias económicas y estratégicas en el Golfo

10 de marzo de 2026 a las 09:23h
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En 2024, el educador, escritor y analista geopolítico chino-canadiense Jiang Xueqin, apodado el "Nostradamus de China", pronosticó tres hechos de los que ya se han producido dos: que Trump arrasaría en las elecciones americanas, que atacaría Irán… y que perdería esa guerra por colapso económico de sus satélites en el Golfo. La respuesta de Irán a los ataques conjuntos estadounidenses e israelíes que arrancaron el pasado 28 de febrero sigue ese guión al bombardear tanto infraestructuras energéticas como militares en 13 países aliados de la zona. El escenario descrito por Jiang haría de la postura de España, seguida por Italia, de no ceder sus bases para esta guerra, no sólo un posicionamiento de firmeza moral sino un éxito geoestratégico si la guerra deviniera en un fiasco.

Hay una frase del periodista israelí Alon Mizrahi que resume el desconcierto que empieza a extenderse en algunos círculos estratégicos: “Estamos presenciando un hecho histórico. Irán está destruyendo bases estadounidenses de forma tan exhaustiva y a tan gran escala que el mundo no está preparado para verlo.”

Puede que Mizrahi, que se sorprende de que esta guerra esté ofreciendo tan pocas imágenes en relación con el aluvión de la guerra de Irak de hace 23 años, esté exagerando. Pero su pregunta de fondo merece ser tomada en serio.

¿Y si el desenlace de esta guerra no es el que Washington y Tel Aviv esperaban?

Un escenario impensable

Durante décadas, la premisa básica de la geopolítica en Oriente Medio ha sido simple: Estados Unidos domina militarmente la región.

Sin embargo, los primeros días de la guerra iniciada tras los bombardeos estadounidenses e israelíes contra Irán han mostrado algo inesperado: la capacidad de Teherán para golpear simultáneamente múltiples infraestructuras militares y energéticas estadounidenses y de sus aliados.

El 28 de febrero de 2026, Irán respondió a los ataques con misiles y drones dirigidos contra bases estadounidenses en el Golfo. Entre los objetivos señalados estaban:

  • Al Udeid Air Base (Qatar)
  • Ali Al Salem Air Base (Kuwait)
  • Al Dhafra Air Base (Emiratos Árabes Unidos)
  • el cuartel de la Quinta Flota de la Marina estadounidense en Bahréin

En Bahréin, un misil iraní alcanzó instalaciones vinculadas al cuartel general de la Quinta Flota, dañando un radar militar y provocando evacuaciones de personal estadounidense.

En Kuwait, drones iraníes impactaron en el aeropuerto internacional y en bases militares estadounidenses, mientras que la defensa aérea interceptó 97 misiles y 283 drones durante los primeros ataques.

En Qatar, las defensas interceptaron decenas de misiles, pero fragmentos de interceptores causaron al menos 16 heridos civiles.

Además, ataques con drones alcanzaron infraestructuras y ciudades en Emiratos, Omán y Arabia Saudí, lo que provocó el cierre de espacios aéreos y perturbaciones en el tráfico aéreo internacional.

Es decir: la guerra ya no se libra solo en Irán, sino en toda la arquitectura militar estadounidense del Golfo.

La estrategia iraní

La lógica estratégica de Teherán parece clara.

Irán no puede derrotar a Estados Unidos en una guerra convencional directa. Pero sí puede hacer inviable la presencia militar estadounidense en la región.

El propio Mizrahi describe ese escenario de forma brutal: “Estamos viendo radares que cuestan cientos de millones de dólares destruidos en segundos y bases militares enteras abandonadas o incendiadas.”

Aunque no todas esas afirmaciones están confirmadas, sí es cierto que la doctrina militar iraní desde hace décadas consiste en saturar las defensas del Golfo con miles de misiles y drones baratos.

Y eso es exactamente lo que está ocurriendo: ataques masivos de drones Shahed y misiles balísticos destinados a abrumar los sistemas de defensa.

El objetivo no es destruir completamente las bases, sino hacerlas demasiado vulnerables para operar con normalidad.

El factor económico: la hipótesis asiática

Habida cuenta de que la mayor parte de deuda americana está en manos de capitales chinos, analistas orientales como el profesor Jiang Xueqin, reconocido por sus precisas predicciones basadas en la "historia predictiva" y la teoría de juegos, llevan años siguiendo con preocupación la delicada situación económica estadounidense.

En este contexto cabe entender los intentos desesperados de Donald Trump a comienzos de este año por condicionar la bajada de tipos de la Reserva Federal, llegando incluso a amenazar a su presidente, Jerome Powell.

Incluso analistas norteamericanos señalan la conveniencia en este escenario económico de asegurarse el petróleo venezolano para luego provocar que su precio se dispare (ya ha tocado ayer lunes los 120 dólares por barril por el cierre del estrecho de Ormuz). Algo que explicaría la tolerancia rusa al actual ataque, con una economía tensionada por las sanciones y que también se verá beneficiada al dispararse el precio del gas (de momento, más de un 40%).

Pero esto podría considerarse una estrategia exitosa sólo si evita el colapso económico americano. Esto es, sólo si Estados Unidos gana esta guerra.

Aquí aparece un elemento más profundo. La tercera profecía del profesor Jiang es que Estados Unidos perderá esta guerra.

Según Jiang, la verdadera vulnerabilidad de Estados Unidos no es militar, sino financiera.

La hegemonía estadounidense depende en gran medida de un ciclo económico conocido como el sistema del petrodólar:

  1. Los países del Golfo venden petróleo en dólares.
  2. Esos petrodólares se reinvierten masivamente en activos financieros estadounidenses.
  3. Esa demanda sostiene la capacidad de Washington para financiar déficits gigantescos.

Si una guerra prolongada en el Golfo desestabiliza el comercio energético o destruye infraestructuras clave, ese ciclo podría romperse.

Y entonces la guerra dejaría de ser militar.

Sería financiera.

El error estratégico de Washington

La guerra también ha revelado otra debilidad.

Estados Unidos ha construido su poder regional sobre una red de bases militares extremadamente concentradas en países muy pequeños y cercanos a Irán.

Eso significa que:

  • el tiempo de reacción es mínimo
  • los sistemas de defensa pueden saturarse
  • y la infraestructura militar es altamente vulnerable

Una base como Al Udeid, en Qatar, es la mayor instalación aérea estadounidense en Oriente Medio.

Pero también está a menos de 300 kilómetros de Irán.

Es decir: a pocos minutos de vuelo de un misil balístico.

España y el inesperado factor europeo

En este contexto, la decisión de España de no permitir el uso de las bases de Morón y Rota para operaciones ofensivas contra Irán adquiere una dimensión estratégica mucho mayor de lo que parece.

No se trata solo de una cuestión diplomática o un posicionamiento moral, ni siquiera de una reafirmación nacional al hacer valer su imprescindible aquiescencia en el uso de sus bases.

Es una apuesta de Estado.

Al rechazar participar en la guerra, España evita:

  • convertirse en objetivo militar
  • quedar atrapada en un conflicto imprevisible
  • y asumir el coste político de una posible derrota occidental

Además, abre una posibilidad que hasta hace poco parecía impensable: liderar una posición europea autónoma en política exterior.

Italia ya ha seguido el mismo camino. Francia le ha expresado el apoyo de la UE para evitar posibles reacciones económicas de Trump. Canadá sintoniza con su posición. En Turquía hay un reverdecimiento del amor por lo español. Y hasta Su Santidad el Papa ha expresado su condena a esta guerra preventiva: “La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas recíprocas ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte, sino sólo mediante un diálogo razonable, auténtico y responsable”.

En un escenario donde Estados Unidos e Israel entraran en una guerra larga y costosa, esa postura podría transformarse en una ventaja estratégica para Europa.

La pregunta incómoda

Durante décadas, Occidente ha planteado la geopolítica de Oriente Medio como una sucesión de guerras inevitables.

Pero esta guerra plantea una pregunta diferente.

No si Irán puede perder.

Sino si Estados Unidos puede ganar.

Porque si la guerra se convierte en una lucha de desgaste económico, energético y político, la respuesta podría no ser la que muchos esperan.

Y entonces el verdadero terremoto geopolítico no sería militar.

Sería histórico.

 

Sobre el autor
Francisco Álvarez, colaborador de 'ElConstitucional.es'
Francisco Álvarez Cano

Colaborador de 'ElConstitucional.es'

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