El último "chan-tatachán" de Juan Tamariz: fallece a los 83 años el mago que marcó a varias generaciones

Su hija Ana ha confirmado el fallecimiento del artista madrileño, campeón mundial en 1973, rostro inolvidable de la televisión y maestro generoso de varias generaciones de ilusionistas

18 de agosto de 2026 a las 19:50h
El maestro de la magia, Juan Tamariz, en una imagen de archivo. Fuente: RTVE
El maestro de la magia, Juan Tamariz, en una imagen de archivo. Fuente: RTVE

Juan Tamariz ha muerto este martes a los 83 años en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Su hija Ana Tamariz ha confirmado el fallecimiento del hombre que llevó la magia a millones de hogares y convirtió una baraja, una chistera y un violín imaginario en parte de la memoria sentimental de varias generaciones.

"Con inmensa tristeza, hoy me despido de mi padre Juan Tamariz, una persona increíble, muy querida y admirada por todos", ha escrito su hija. Ana, que heredó su pasión y dirige La Gran Escuela de Magia, también le ha agradecido "todo el amor a la Magia que nos regaló" y ha tenido palabras para los familiares, amigos, magos y profesionales sanitarios que lo acompañaron hasta el último día.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Juan Manuel Tamariz-Martel Negrón nació en Madrid en 1942 y descubrió la magia cuando apenas tenía cuatro años. A los 18 ingresó en la Sociedad Española de Ilusionismo después de años devorando libros y probando juegos ante cualquier familiar dispuesto a mirar. Pasó por la facultad de Físicas y por la Escuela Oficial de Cine, aunque las cartas terminaron ocupando el centro de su vida.

Su consagración internacional llegó en 1973, cuando ganó en París el primer premio mundial de cartomagia. Aquel reconocimiento abrió una carrera que hizo de Tamariz uno de los grandes teóricos de la magia contemporánea. Escribió decenas de libros, impartió conferencias por todo el mundo y compartió sus conocimientos con sucesivas generaciones de ilusionistas. Luis Piedrahita ha recordado en 'RNE' su "gigantesca y desmesurada generosidad" y la escuela de cartomagia que construyó a su alrededor.

El gran público lo conoció en espacios como 'Un, dos, tres... responda otra vez', donde apareció como Don Estrecho, y volvió a encontrarlo durante décadas en numerosos programas y espectáculos. Su melena, su chistera, el "chan-tatachán" y aquel violín que solo él podía tocar rompieron con la solemnidad del mago clásico. Tamariz llamaba "juegos" a sus números y conseguía que el espectador olvidara por un momento la pregunta más obvia para entregarse al asombro.

"Lo bonito es compartir", decía cuando hablaba de la relación entre los magos. Eso hizo durante toda su vida. Compartió secretos, risas, libros y una manera de mirar el mundo con los ojos abiertos de par en par. Ahora su magia queda en las manos de todos los que aprendieron a barajar mirándolo.

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Jaime Barrionuevo, redactor de ElConstitucional.es
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