La cineasta Emerald Fennell, responsable de películas como Una joven prometedora y Saltburn, ha desatado una amplia conversación en torno a su próxima película “Cumbres borrascosas”, cuya llegada a los cines está prevista para el 13 de febrero de 2026, sustituyendo parcialmente el clásico título sin olvidar su legado literario original.
La razón de las comillas alrededor del título —que han generado teorías y debate entre aficionados al libro original de Emily Brontë— no es un error tipográfico, sino una declaración de intenciones de la directora. Fennell ha explicado que, aunque admira profundamente la novela, considera que “no es posible” adaptar un libro tan denso, complejo y emocionalmente cargado de forma fiel a la pantalla, por lo que prefiere describir su trabajo como una versión personal de la historia.
Según Fennell, el uso de comillas señala justamente esa distancia creativa y la libertad artística que se toma al reinterpretar un clásico. “No puedo decir que estoy haciendo Cumbres borrascosas. Lo que puedo decir es que estoy haciendo una versión”, ha dicho la directora, subrayando que su película dialoga con la obra original más que reproducirla literalmente.
La película, protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, ha generado comentarios por sus elecciones estéticas y narrativas, así como por la banda sonora moderna firmada por Charli XCX, pensada para conectar emocionalmente con el público contemporáneo. Además, la adaptación enfatiza la complejidad de los personajes, especialmente de Catherine, cuya rebeldía y contradicciones la convierten en un símbolo de autonomía y pasión que sigue resonando en la actualidad. La película permite así experimentar la tormenta emocional de la novela, sin perder de vista la crudeza, el dramatismo y la belleza que han hecho de Cumbres Borrascosas una historia atemporal.
Con el estreno a la vuelta de la esquina, la propia Fennell ha defendido que una adaptación cinematográfica es siempre una lectura personal y que, a través del uso de comillas, quiere respetar tanto a los fans de la novela como a su propia visión creativa, marcada por una reinterpretación emocional más que por la fidelidad histórica o estructural al texto de Brontë.