Lo que debería ser lo habitual en un país democrático se ha convertido en una total -y preocupante- excepción. Tras diez meses sin hablar, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, mantendrán el próximo lunes 19 de enero un encuentro bilateral. Y todo bajo un contexto de confrontación total entre un Ejecutivo central sostenido por una amalgama de partidos con, incluso -en tantas ocasiones-, intereses contrapuestos y un Partido Popular con voces internas antitéticas y, más a más, dependiente de la ultraderecha más populista encarnada en Vox.
Tanto es así que este pasado miércoles Feijóo aseguró que asistirá a la cita en el Palacio de La Moncloa movido por el "respeto a las instituciones" pero excusándose en que no "blanqueará ni rescatará" a Pedro Sánchez. Como si el que el presidente del Gobierno y el líder de la oposición despachen implicase, de facto, un sometimiento del uno hacia el otro o viceversa. Al contario, el que ambos dialoguen recurrentemente debiera de ser lo lógico y lo que dotase de salud a un país democrático, como España. Los españoles y españolas ya saben que el PP y el PSOE son partidos distintos, con proyectos diferentes de país, pero el que los líderes de ambos partidos dialoguen fotalece, precisamente, el espíritu pluralista de una democracia.
En este sentido, fuentes de la dirección nacional del PP consultadas aseguran a 'ElConstitucional.es' que, como son "un partido de Estado", y solamente por eso, Feijóo irá a la cita con Sánchez el próximo lunes. "Hay cuestiones como son la política exterior que no pueden depender de una minoría y que pueden condicionar muy seriamente la posición de España como país", justifican las mismas fuentes 'populares', al tiempo que, a modo de indispensable coletilla, reiteran el "reunirse no es un acercamiento a Sánchez". "Esto son cuestiones de seguridad nacional", advierten los de Feijóo a este periódico.
Feijóo, sometido a Vox y a la incapacidad de controlar las facciones territoriales
Es entendible el discurso de Feijóo. El PP está sufriendo una fuga de votos, tal y como certifican tendencialmente las últimas encuestas, del PP a Vox. Constituye esta, precisamente, la máxima preocupación electoral actual de Génova 13. No es casual. por consiguiente, que ya nada quede de esa estrategia de 'pescar' en el caladero de "votantes socialistas moderados descontentos con Sánchez" que impregnó la campaña electoral 'popular' de los últimos comicios nacionales del 23J. Ahora el nicho es bien distinto: buscan convencer a su electorado más ultra dispuesto a navegar al partido de Santiago Abascal de que el Partido Popular le puede ofrecer lo mismo pero sin tanta dosis de 'cafeína'. Eso, y de paso conseguir que algunos que ya están en aguas de Vox vuelvan al redil del PP. Y Vox lo sabe. No es casual el que Abascal haya fijado a Feijóo como su verdadero adversario, y no a Sánchez.
No solo la ultraderecha populista a la que el PP se ha sometido por puro interés electoral es la principal causa del endurecimiento del discurso de un Feijóo que venía a moderar la política en España. También lo supone la incapacidad de Génova 13 de controlar, a nivel territorial, a unas facciones totalmente desmadradas. Especialmenente en Madrid, con una Ayuso que ideológicamente y formalmente no desentonaria, en absoluto, en el partido de Santiago Abascal. Y esto no es opinión. Es información.
Precisamente, una muy destacada 'popular' que tuvo mando en plaza en anteriores direcciones nacionales disecciona, en conversación con 'ElConstitucional.es', el gran error de Feijóo desde el inicio de su andadura nacional: el crear una cúpula -muy reducida pero con personas de su estrecha confianza- que únicamente trabaja para que el presidente del PP 'ascienda' a presidente del Gobierno. En otras palabras, se han desentendido del partido en su amplitud y complejidad territorial.
Génova 13, salvo excepciones, brega por y para que Feijóo sustituya a Pedro Sánchez como jefe del Ejecutivo central. Y, ciertamente, ni con esas, al menos todavía, lo han conseguido. El resto del partido, a nivel de comunidades autónomas, se comporta como un auténtico reino de taifas en el que conviven desde la ultra Ayuso hasta el centrado Alfonso Rueda y pasando por el 'látigo de Vox' María Guardiola. En coloquial esto se puede calificar como un sindiós.
En síntesis, Ayuso hace y dice lo que más le convenga, yendo incluso sistemáticamente en contra de la dirección nacional de su partido, porque no solo Feijóo y su dirección se lo permiten sino que, más aún, lo amparan. Sin duda, un craso error estratégico que le puede volver a costar a Feijóo, por segunda vez, la presidencia del Gobierno de España.