El expresidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, llegó al Palau de la Generalitat el 29 de octubre de 2024 a las 19:50h, 21 minutos antes de que el Centro de Cooperación Operativo Integrado (Cecopi) enviara el Es Alert, la alerta que avisaba a la población sobre la gravedad de la Dana, según ha relatado uno de sus escoltas ante la jueza de Catarroja, Nuria Ruiz Tobarra.
El agente, que ha testificado este lunes en el juzgado de Catarroja que investiga la gestión de la emergencia, ha asegurado que Mazón no permaneció trabajando en el Palau de la Generalitat durante la tarde, sino que regresó a la sede institucional apenas unos minutos antes de desplazarse al centro de coordinación de emergencias de L’Eliana (Cecopi). Durante su declaración, el escolta explicó que Mazón subió brevemente a su despacho y dijo a su equipo: “Ahora bajo y nos vamos”, permaneciendo muy poco tiempo en la sede antes de salir hacia el Cecopi.
Según el testigo, Mazón llegó al Cecopi tras acompañar a un aparcamiento céntrico de Valencia a la periodista Maribel Vilaplana, con quien había comido previamente durante casi cuatro horas (15:00-18:45) en el restaurante El Ventorro, mientras el barranco del Poyo se desbordaba, origen de la catástrofe que afectó a varios municipios de la zona. El entonces presidente llegó al Cecopi 17 minutos después de que se activara la alerta que se envió a la población.
“Recogimos a Mazón en su domicilio. Hubo un acto en un edificio de la Consejería Sanidad. A esa hora no habíamos oído nada de la emergencia” ha explicado el testigo, en referencia a que, pese a la alerta roja decretada por la Aemet y los primeros avisos del 112, el expresidente mantuvo su agenda institucional como estaba prevista.
La comida del Ventorro
“Después de los actos, salimos a la comida de Mazón. Del Palau al restaurante fuimos a pie. El presidente nos pidió que nos fuéramos”.
El equipo de seguridad del expresidente le extrañó que continuase con el plan de la comida con la periodista. “En ningún momento se comentó nada de suspender esa comida, que estaba señalada desde el día anterior. No sabíamos con quién iba a reunirse ni por qué. Era raro de que prescindiera de nuestros servicios antes de llegar a pie, pero no era la primera vez”