El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reaccionado con cautela a la decisión del juez Juan Carlos Peinado de procesar a su esposa, Begoña Gómez, por cuatro presuntos delitos, asegurando que no tiene nada que decir. “Como estoy convencido de que el tiempo va a poner todo y a todos en su sitio, no tengo que decir nada más”, afirmó el jefe del Ejecutivo.
Sánchez realizó estas declaraciones desde China, donde se encuentra de viaje oficial, tras conocerse el auto judicial que atribuye a Gómez delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación y apropiación indebida. Preguntado por si cree que su esposa podría sentarse en el banquillo, el presidente insistió en su posición habitual: “Lo que le pido a la justicia es que haga justicia”.
El jefe del Ejecutivo evitó además pronunciarse sobre las críticas lanzadas desde el propio Gobierno contra el magistrado instructor. Ante las preguntas de los periodistas, reiteró que ya había fijado su postura y declinó entrar en valoraciones adicionales sobre el proceso judicial.
Más contundente se mostró el ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, quien aseguró que la decisión judicial “ha avergonzado a muchos ciudadanos” y también “a muchos jueces y magistrados”. A su juicio, “el daño que se ha hecho al buen nombre de la justicia es un daño que seguramente en muchos aspectos será irreparable”.
Bolaños expresó, no obstante, su “confianza absoluta” en que instancias superiores revisen la decisión: “Un tribunal superior imparcial e independiente va a revocar la decisión”. En la misma línea, defendió que “en este caso donde nada hay, por mucho que se revuelva, nada se podrá establecer”.
Estas declaraciones provocaron una rápida reacción del Partido Popular. La vicesecretaria de Regeneración Institucional, Cuca Gamarra, pidió la dimisión del ministro al considerar que sus palabras suponen “socavar el Estado de derecho” y constituyen un “nuevo acoso a los jueces”.