El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha convertido este fin de semana a Barcelona en el epicentro de la política internacional al reunir a líderes progresistas de todo el mundo en la IV Reunión en Defensa de la Democracia. El encuentro busca reforzar la cooperación frente al auge del extremismo, el populismo y la polarización política a nivel global.
Entre los asistentes destacan figuras internacionales como el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; o el presidente de Colombia, Gustavo Petro. Junto a ellos participan una veintena de jefes de Estado y de Gobierno, además de ministros, vicepresidentes y representantes diplomáticos.
En paralelo, la capital catalana acoge la Global Progressive Mobilisation, un encuentro impulsado por organizaciones como la Internacional Socialista, el Partido de los Socialistas Europeos y la Alianza Progresista. La cita ha reunido a más de 3.000 participantes y cerca de 120 ponentes procedentes de unos 40 países.
Entre los líderes presentes figuran también el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa; el mandatario uruguayo, Yamandú Orsi; el presidente del Consejo Europeo, António Costa; y el primer ministro de Kosovo, Albin Kurti. También participan figuras relevantes como el gobernador de Minnesota, Tim Walz, la premio Nobel de la Paz Maria Ressa y el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero.
El encuentro sirve para debatir cuestiones clave como la defensa de las instituciones democráticas, el impacto de la desinformación en redes sociales y la creciente desigualdad económica. Algunos participantes han alertado sobre el papel de los discursos polarizadores y el avance de movimientos autoritarios en distintas regiones del mundo.
La cumbre llega precedida por una reunión bilateral entre España y Brasil celebrada en el Palacio de Pedralbes, donde Sánchez y Lula firmaron una decena de acuerdos económicos y comerciales. En su comparecencia conjunta, ambos dirigentes coincidieron en su preocupación por el debilitamiento de las democracias y la situación del sistema internacional, incluyendo el papel de la Naciones Unidas.
Durante esa intervención, Lula recordó su histórica oposición a conflictos internacionales y reflexionó sobre el avance de corrientes políticas de extrema derecha, señalando factores como la desinformación y el descontento social. Tanto él como Sánchez defendieron la importancia del multilateralismo, los derechos humanos y el respeto al derecho internacional en el contexto actual.
El encuentro también ha estado marcado por la polémica tras las declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien calificó la cita como una “reunión de narcoestados”. Sánchez respondió pidiendo disculpas al mandatario brasileño, en un episodio que refleja las tensiones políticas internas en España en torno a este tipo de foros internacionales.