Jordi Pujol Ferrusola, el hijo mayor del expresidente de la Generalitat Jordi Pujol, ha declarado este lunes ante el tribunal de la Audiencia Nacional en Madrid que juzga a la familia Pujol por presunto enriquecimiento ilícito y ha defendido que las cantidades que recibió por parte de empresas fueron como contraprestación a asesoramientos consistentes en "pasar información privilegiada en un momento que no se tiene".
El fiscal anticorrupción, Fernando Bermejo, solicita la pena más elevada para Jordi Pujol Ferrusola, para quien pide 29 años de prisión en el juicio en el que la Audiencia Nacional trata de determinar si los cobros que recibió fueron a cambio de servicios reales, como el ha defendido, o de comisiones ilegales pagadas por empresas para resultar adjudicatarias de concursos públicos.
Sobre la fortuna familiar en Andorra, Pujol Ferrusola ha señalado que procede de su abuelo, Florenci Pujol, y que él tuvo conocimiento de la misma "vagamente" en 1976 o 1977, cuando su abuelo le dijo que no se preocupasen porque no les faltaría de nada.
No fue hasta septiembre de 1980 cuando Jordi Pujol i Soley, que hasta entonces nunca había hablado de este asunto, reunió a sus hijos y a su mujer, Marta Ferrusola (fallecida en 2024), y les comunicó que el abuelo había dejado una herencia y les enseñó una carta: "No hablaba de cantidades, no hablaba de origen, no hablaba de bancos, solo de que estuviéramos tranquilos, que él nos estaba protegiendo porque él no confiaba en varias cosas".
En concreto, ha desvelado que su abuelo no confiaba en el país, pero tampoco en la actividad política de su padre, entonces presidente de la Generalitat de Cataluña: "Venía de la República, era un hombre que venía de saber lo que es una guerra y le daba mucho miedo que la situación política de España no estuviera suficientemente estabilizada".
Ha explicado que el legado de Florenci Pujol lo gestionó inicialmente un íntimo amigo de su abuelo, que a partir de 1980 asumió el control Joaquim Pujol y que a partir de 1990 lo hizo él mismo: "No fue un acuerdo, fue una orden que me dio el señor Joaquim Pujol". Tras asumir la gestión, ha explicado que el propietario de Banca Reig de Andorra le explicó en qué consistía la herencia: 110 millones de pesetas, en dólares americanos, y unos títulos por valor de 390 millones de pesetas en deuda pública de Estados y multinacionales.
Lo que sí ha reconocido es que tuvo dinero en México y Suiza, pero ha asegurado que estos fondos procedían de negocios lícitos de sus empresas en España y ha negado que tuviese cuentas opacas. Ha afirmado que con sus empresas trabajó en todo el territorio nacional y en el mundo, queriendo desmarcarse de Cataluña y "de la contaminación política", y que alrededor del año 2000 regresó a España, después de que el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, dijera que "España va bien".
Sobre por qué ingresó grandes cantidades de dinero a una empresa del broker Herbert Towning, establecido en Londres, el procesado ha negado que fuese su testaferro y ha dicho que lo hizo porque tenían clientes en común.