Solventados con relativo éxito los cuatro retos del primer ciclo autonómIco, las elecciones en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, y tras su acceso a los cuatro ejecutivos regionales, la cúpula de Vox se va a lanzar a partir de septiembre a su segundo gran desafío: completar el resto de candidaturas autonómicas y las listas de los comicios municipales. Uno de los retos más complicados para una ultraderecha con sólida implantación nacional pero con una muy deficiente expansión territorial.
En una formación que ha sufrido la aluminosis de decenas de purgas, dimisiones, relevos forzados y graves crisis internas -véase los casos de Madrid, Baleares o Murcia-, el llamado 'bunker' de Abascal integrado básicamente por Gabriel Ariza, Kiko Méndez Monasterio y Jorge Buixadé, tienen sobre sus mesas el diseño del 'casting' para completar las candidaturas autonómicas.
Hasta el momento, Abascal ha colocado en el poder a sus cuatro primeros pseudo barones regionales: Óscar Fernández Calle, Alejandro Nolasco, Carlos Pollán y Manuel Gavira, vicepresidentes de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, respectivamente.
Con una premisa fundamental: los cabezas de cartel, a diferencia de PP o PSOE, serán meros hombres de paja, títeres de la dirección nacional en la sede ultra de la madrileña calle Bambú.
Perfil bajo
Y ahora, la cúpula de la ultraderecha debe buscar a sus hombres fuertes en la Comunidad Valenciana, Madrid, Cantabria, Asturias, La Rioja, Murcia, Castilla-La Mancha, Canarias y Baleares, Ceuta y Melilla.
importantes serán las designaciones en las dos primeras comunidades descabezadas respecto a 2023, tras las defenestraciones de Rocío Monasterio y Javier Ortega Smith en Madrid y la salida de la Generalitat del extorero Vicente Barrera en Valencia.
En Madrid, frente a Isabel Díaz Ayuso y el ministro Óscar López, Abascal todavía no ha designado a su candidato ni siquiera ha dado pistas sobre su perfil, aunque un sector de la dirección señala a la actual portavoz en la Asamblea, Isabel Pérez Moñino.
Y en la Comunidad Valenciana tampoco hay un 'barón' ultra destacado con tres nombres por encima del resto: el citado Vicente Barrera, José Luis Aguirre y el ex del PP, Ignacio Ruiz Lázaro.
Y en el resto de CCAA, los líderes de la ultraderecha son perfectos desconocidos no solo para el gran público 'nacional' sino para sus propios votantes. Lo mismo sucede en los ayuntamientos, donde Abascal busca perfiles mediáticos para batallar con garantías en los grandes capitales, convertidas en un buen escaparate para la formación de extrema derecha.
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