Ya está bien de que Feijóo y Abascal mezclen, de nuevo, todo: ni teocracia de Irán ni Donald Trump

El periodista Hugo Pereira, director de ElConstitucional.es
02 de marzo de 2026 a las 19:18h
El presidente de los EEUU, Donald Trump
Ya está bien de que Feijóo y Abascal mezclen, de nuevo, todo: ni Irán ni Donald Trump

Ya está bien de confundirlo todo con Irán, Israel, Donald Trump, Netanyahu, Sánchez o Feijóo. Pongamos las cosas claras.

Punto uno: la teocracia fundamentalista de Irán, que somete a su población civil, es injustificable. No tiene defensa posible.

Punto dos: tampoco se puede justificar que un país como Estados Unidos o Israel —y, por tanto, sus dirigentes, Donald Trump y Netanyahu— se salten el derecho internacional. No es aceptable que, bajo el pretexto de democratizar un país, se cometan crímenes de guerra o se vulneren las normas que rigen la comunidad internacional. Tampoco es admisible que un Estado intervenga en otro y trate de neutralizar a su líder mediante un magnicidio, por muy rechazable que sea su régimen.

No se pueden traspasar las barreras del Estado de Derecho internacional en nombre de supuestos objetivos democratizadores. Es evidente que detrás de los ataques de Israel y Estados Unidos sobre Irán hay intereses políticos y económicos.

En el plano político, Donald Trump atraviesa una pérdida de apoyos en Estados Unidos, en un contexto de dificultades económicas. Desviar la atención hacia un conflicto exterior, apelando al nacionalismo, puede servir para reforzar su posición interna.

En el plano económico, también es evidente el interés estratégico por una región clave para el flujo mundial de petróleo. El control de esa zona tiene consecuencias directas en los mercados energéticos y, por tanto, en la economía global.

Nada de esto puede normalizarse ni aplaudirse. Ningún país, sea cual sea, puede utilizar a la comunidad internacional o a la población civil como daño colateral para obtener beneficios políticos o económicos. Incluso aunque el objetivo declarado fuera democratizar un país, no sería legítimo vulnerar el derecho internacional, que es la base mínima de convivencia entre Estados y el instrumento para evitar guerras y conflictos.

Además, el conflicto entre Israel e Irán ya tiene dimensiones y consecuencias globales. Afecta a Europa, a España y también a Estados Unidos. El encarecimiento del diésel y la gasolina, derivado de las tensiones sobre el suministro de petróleo, es una muestra clara. También lo son las amenazas de Irán contra países que puedan prestar apoyo a Estados Unidos a través de sus bases militares, lo que pone en riesgo la seguridad de distintos Estados.

España no tiene por qué implicarse en una estrategia que responde a intereses que no son los suyos. No debe poner en riesgo su propia seguridad. En ese sentido, es razonable limitar el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones militares vinculadas a este conflicto, si se considera que no responde al interés nacional.

Esto no debería ser una cuestión ideológica, ni de derechas ni de izquierdas, sino de sentido común. No se puede justificar ni una teocracia que vulnera derechos fundamentales ni la violación del derecho internacional en nombre de supuestos fines superiores. Si el orden internacional existe, es precisamente para evitar que los conflictos se resuelvan al margen de las normas.

Dejemos de mezclarlo todo. Ni una cosa ni la otra son defendibles. Pongamos las cosas en su sitio.

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