La localidad sevillana de Coripe ha celebrado un año más su tradicional quema de Judas, una costumbre centenaria que en esta ocasión ha tenido como figura principal al presidente ruso, Vladímir Putin. El muñeco, colgado de un árbol, fue tiroteado, golpeado y finalmente quemado ante la presencia de vecinos y visitantes, siguiendo el ritual habitual de esta festividad.
La escenificación incorporaba además imágenes de otros líderes internacionales como Donald Trump y Benjamín Netanyahu, lo que ha amplificado la repercusión del acto tras difundirse vídeos en redes sociales. Como es tradición, el personaje elegido se mantiene en secreto hasta el último momento y suele responder a figuras de actualidad impopulares o consideradas malvadas por la comunidad.
Este rito, celebrado cada Domingo de Resurrección, simboliza el castigo a Judas Iscariote a través de la representación de personajes públicos. Aunque forma parte del patrimonio cultural local, la elección de figuras polémicas ha generado críticas en ediciones anteriores, en las que también fueron protagonistas nombres como Carles Puigdemont o Rodrigo Rato. Pese a ello, Coripe mantiene viva una de las tradiciones más singulares y mediáticas de la Semana Santa española.