El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, ha utilizado este miércoles la tribuna de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) para responder directamente a Donald Trump. Un día después de que el mandatario estadounidense amenazara con “aniquilar” la República Islámica si no acepta un acuerdo, el dirigente iraní ha acusado a Estados Unidos e Israel de terrorismo y ha advertido de que su país seguirá resistiendo.
“Nunca inclinaremos la cabeza ni doblaremos las rodillas”, ha proclamado Pezeshkian ante los líderes mundiales. El único representante estadounidense presente en el hemiciclo ha abandonado la sala durante su intervención. Los asientos de Israel también estaban vacíos. La escena ha completado el cruce de gestos diplomáticos iniciado el martes, cuando varios miembros de la delegación iraní se marcharon mientras Trump defendía la ofensiva contra Teherán.
Trump había planteado ante la ONU una disyuntiva extrema. Ofreció a Irán la posibilidad de alcanzar un pacto que le permita reconstruirse o afrontar una escalada destinada a destruir rápidamente el régimen. La amenaza llegó desde la tribuna de una organización creada precisamente para evitar que los conflictos entre Estados desemboquen en guerras abiertas.
Pezeshkian ha explicado que había preparado otro discurso, pero que decidió modificarlo después de escuchar a Trump definir a Irán como una potencia terrorista. “Nosotros hemos sido víctimas del terrorismo”, ha contestado. El presidente iraní ha defendido que su país únicamente ha respondido a los ataques iniciados hace casi siete meses por Estados Unidos e Israel.
El momento más duro de la intervención se ha producido cuando ha levantado fotografías del líder supremo Alí Jamenei, asesinado al comienzo de la guerra, y de los menores muertos en el bombardeo de la escuela Shajareh Tayyebeh de Minab. Más de 150 alumnos y profesores perdieron la vida en aquel ataque estadounidense del 28 de febrero.
“Estos niños murieron bajo bombas lanzadas por Estados Unidos e Israel. Eran inocentes, no habían cometido ningún delito”, ha denunciado. Una misión independiente de Naciones Unidas ha encontrado indicios de crímenes de guerra en aquel bombardeo, al considerar que las fuerzas estadounidenses atacaron un objetivo civil sin adoptar las precauciones exigidas por el Derecho internacional. El mismo informe también atribuye al régimen iraní crímenes contra la humanidad por la represión de las protestas internas, con ejecuciones, torturas, detenciones arbitrarias y ataques sistemáticos contra manifestantes. Pezeshkian ha silenciado esa parte de las conclusiones y ha presentado a la República Islámica únicamente como víctima de las agresiones exteriores.
Su afirmación de que Irán nunca ha iniciado una guerra también responde a una lectura interesada de su papel regional. Teherán mantiene desde hace años una amplia red de alianzas con grupos armados como Hezbolá, Hamás y los hutíes de Yemen. Estos últimos han atacado territorio saudí y el tráfico marítimo del mar Rojo con tecnología y asistencia vinculadas a Irán.
El dirigente iraní ha llevado después el enfrentamiento al terreno nuclear. Ha defendido el derecho de su país a enriquecer uranio para producir energía, desarrollar tratamientos médicos y mejorar la agricultura, al tiempo que ha negado que Teherán pretenda fabricar una bomba atómica. “El arma nuclear está en Israel, pero los inspectores están en Irán. Israel mata, pero Irán está sometido a sanciones”, ha afirmado. La comparación apunta hacia un desequilibrio real. Israel permanece fuera del Tratado de No Proliferación Nuclear y mantiene una política de ambigüedad sobre su arsenal, mientras Irán forma parte del acuerdo y está sujeto a inspecciones. Las dudas sobre actividades no declaradas, los altos niveles de enriquecimiento y las restricciones impuestas durante años a los supervisores internacionales han alimentado, sin embargo, la desconfianza hacia Teherán.
Pezeshkian también ha calificado Gaza como “una herida abierta en la conciencia internacional” y ha acusado a Israel de cometer un genocidio contra la población palestina. A su juicio, la incapacidad para detener la ocupación y proteger a los civiles demuestra el fracaso de los mecanismos internacionales de seguridad.
Negociaciones entre las amenazas
La dureza del intercambio público convive con una negociación que sigue avanzando discretamente en Nueva York. El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchi, ha mantenido durante cerca de tres horas contactos indirectos con los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, mediante la mediación de Qatar.
Trump ha definido el encuentro como “muy bueno” y ha destacado que supone algún movimiento después de meses de contactos fallidos. Teherán ha rebajado las expectativas y sostiene que las conversaciones se limitaron a repetir sus condiciones. Irán exige el final de los ataques, el levantamiento del bloqueo sobre sus puertos y la liberación de activos congelados.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha respondido después al discurso de Pezeshkian acusando a la República Islámica de carecer de autoridad para dar lecciones sobre derechos humanos y respeto al sistema internacional. También ha confirmado que Washington mantiene abierta la vía de comunicación, aunque ha evitado hablar de un avance decisivo.
El estrecho de Ormuz ocupa buena parte de esa negociación. Antes de la guerra, por este paso circulaba alrededor de una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado comercializados en el mundo. Los ataques y las restricciones a la navegación han reducido el tráfico, elevado los precios energéticos y aumentado la presión sobre los países del Golfo y sobre la propia economía estadounidense.
Irán ha trasladado a los mediadores que podría facilitar la reapertura del estrecho en pocos días si Washington reduce su presencia militar y levanta el bloqueo naval. Pezeshkian ha defendido ante la ONU que la ruta marítima no puede utilizarse para trasladar armamento con el que después se ataque territorio iraní.
El presidente iraní ha pedido además un sistema de seguridad construido por los países de Oriente Próximo, con menos presencia militar estadounidense. Arabia Saudí, Qatar y el resto de monarquías del Golfo buscan una fórmula que proteja la navegación y rebaje la tensión, aunque recelan de conceder a Teherán capacidad para supervisar el tráfico por Ormuz.
Washington todavía no ha confirmado un encuentro entre Trump y Pezeshkian durante su estancia en Nueva York. Rubio ha dejado abierta la posibilidad de seguir intercambiando mensajes, pero ha marcado el alcance real de las conversaciones mantenidas hasta ahora. “Fue positivo en ese sentido, pero no quiero presentarlo como un gran avance”, ha admitido.
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