Donald Trump ha respondido este lunes a las advertencias lanzadas por los principales responsables de la inteligencia artificial con una receta hecha a la medida de su poder. El presidente de Estados Unidos sostiene que la tecnología únicamente necesita como mecanismo de seguridad a un mandatario "fuerte e inteligente" y asegura que su presencia en la Casa Blanca ofrece esa garantía "de sobra".
El republicano ha calificado de "conspiración enfermiza" la creciente preocupación por el desarrollo acelerado de la IA y los centros de datos. También ha presentado la petición de nuevos controles como una operación favorable a China y ha rematado sus mensajes con una advertencia dirigida a "conspiracionistas, traidores y filtradores".
Las palabras de Trump convierten un debate tecnológico, científico y democrático en una nueva prueba de lealtad hacia su figura. La seguridad de una herramienta con capacidad para intervenir en infraestructuras, mercados laborales, sistemas militares y procesos electorales queda reducida en su discurso al criterio personal del presidente, sin que haya explicado qué evaluaciones técnicas respaldan su tranquilidad.
El destinatario principal de sus ataques ha sido Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic. El investigador publicó el sábado un extenso ensayo en el que reclamó reducir el ritmo de mejora de los modelos más avanzados para dar tiempo al desarrollo de medidas de seguridad. Trump ha respondido presentándolo como alguien que ahora pretende hacerse pasar por un "angelito perfecto".
La propuesta de Amodei incluye evaluadores externos con acceso continuado a los laboratorios, estándares comunes entre las empresas de países democráticos y acuerdos internacionales para comprobar los sistemas antes de su lanzamiento. Anthropic se ha comprometido a incorporar esa supervisión independiente y permitir que los evaluadores publiquen sus conclusiones sin control editorial de la compañía. El responsable de Anthropic ha basado su alerta en el rápido avance de modelos capaces de colaborar, programar y mejorar otros sistemas. También ha citado un incidente reciente en el que un grupo de agentes realizó ataques informáticos que no formaban parte de la tarea encomendada e intentó interferir en el mecanismo utilizado para evaluar su comportamiento.
La dimensión y los plazos de esos peligros continúan abiertos al debate científico, pero los riesgos concretos relacionados con los ciberataques, el bioterrorismo, la desinformación, la pérdida de empleos o el uso militar de sistemas autónomos ya ocupan a gobiernos, universidades y empresas. Trump ha preferido despachar toda esa discusión bajo la palabra "bulo".
La preocupación tampoco procede únicamente de Anthropic. Sam Altman, responsable de OpenAI, Elon Musk, propietario de xAI, y Demis Hassabis, consejero delegado de Google DeepMind, han respaldado la necesidad de bajar el ritmo y reforzar las comprobaciones. La coincidencia entre compañías enfrentadas por inversiones, contratos y cuota de mercado concede un peso especial a la advertencia.
Trump considera sospechoso que los dirigentes de una industria reclamen normas capaces de limitar su propio negocio. Su conclusión vuelve a mezclar cualquier supervisión con un freno absoluto a la innovación. Los controles planteados buscan precisamente impedir que la competencia comercial empuje a las empresas a lanzar modelos sin conocer suficientemente su funcionamiento.
El presidente también ha afirmado que su Administración dispone de un "enorme poder penal y regulatorio" sobre las tecnológicas, aunque no ha identificado las normas, organismos o procedimientos capaces de actuar ante un modelo peligroso antes de su comercialización. El Senado estudia en estos momentos una propuesta bipartidista para imponer un deber de cuidado a las compañías y permitir que auditores gubernamentales sometan sus productos a pruebas independientes.
La carrera con Pekín ha servido a Trump para justificar su negativa. "Quien gana la IA, gana", ha proclamado antes de asegurar que Estados Unidos aventaja a China. También ha presentado la inteligencia artificial y los centros de datos como el mayor motor económico de la historia, por encima del petróleo, el oro, los diamantes o Internet.
La posición china resulta más compleja que el retrato ofrecido desde la Casa Blanca. La prensa estatal ha acusado a Amodei de utilizar la seguridad para contener el desarrollo tecnológico chino, mientras el Ministerio de Exteriores ha reclamado cooperación internacional y ha advertido contra una competición hostil que dificulte la gobernanza de la IA. Washington y Pekín tienen previsto abordar estos riesgos durante sus próximas conversaciones.
Trump ha situado así el liderazgo estadounidense por delante de las comprobaciones técnicas y ha respondido a los responsables que reclaman cautela con amenazas políticas. La misma Administración que asegura poseer facultades suficientes para castigar a las empresas rechaza concretar controles previos que permitan conocer qué están construyendo y con qué riesgos.
Trump intenta apartar a Irán del alza del petróleo
El presidente estadounidense ha dedicado otra parte de sus mensajes a buscar responsables por el encarecimiento de la energía. Trump asegura que la subida mundial del diésel procede principalmente de la guerra entre Rusia y Ucrania y trata de desvincularla del conflicto con Irán, iniciado tras los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel a finales de febrero.
Los datos del mercado contradicen esa explicación tan rotunda. El petróleo ha vuelto a subir este lunes después de los ataques contra una instalación saudí que permite eludir el estrecho de Ormuz y contra varios buques de la región. El barril de Brent ha alcanzado los 107,33 dólares y el estadounidense WTI ha superado los 102 dólares.
Antes de la ofensiva estadounidense e israelí contra Irán, alrededor de una quinta parte del suministro mundial de petróleo atravesaba el estrecho de Ormuz. El tráfico comercial continúa muy por debajo de sus niveles habituales y la inutilización temporal del oleoducto saudí de este a oeste amenaza ahora una cantidad equivalente al 4% de la oferta global.
Trump ha llegado a exigir que los países que no han ayudado a Washington "devuelvan" dinero a Estados Unidos cuando termine lo que denomina el "timo" de Ormuz. También ha responsabilizado a Joe Biden de la inflación y ha prometido que el precio del crudo caerá cuando concluya la guerra con Irán, sin ofrecer una fecha ni explicar en qué condiciones espera terminarla.
El intento de trasladar la factura hacia Ucrania llega cuando el precio del combustible vuelve a presionar a las familias estadounidenses y a la economía a pocas semanas de las elecciones legislativas de noviembre. La Casa Blanca necesita contener ese desgaste después de que una guerra impulsada por Trump haya convertido dos de las principales rutas energéticas del planeta, Ormuz y Bab el Mandeb, en focos permanentes de inestabilidad.
Una tregua energética anunciada antes de estar acordada
Trump ha asegurado que Rusia y Ucrania han aceptado dejar de atacar sus respectivas infraestructuras energéticas. El mensaje ha logrado moderar durante unas horas la subida del petróleo, pero ninguna de las dos partes ha confirmado un acuerdo en los términos anunciados por el presidente estadounidense.
Volodímir Zelenski ha explicado que Kiev está dispuesta a suspender sus operaciones si sus socios garantizan que Moscú abandona los ataques contra el sistema eléctrico ucraniano, las infraestructuras críticas y las rutas utilizadas para transportar alimentos. El presidente ucraniano ha advertido de que todavía duda de la voluntad rusa para respetar cualquier compromiso y ha reclamado condiciones concretas, duraderas y verificables.
Reuters considera que la respuesta de Zelenski equivale a negar que Ucrania haya suscrito ya la tregua presentada por Trump. El Kremlin se ha limitado a recibir favorablemente la petición estadounidense de detener los ataques ucranianos contra el sector del diésel ruso, sin confirmar un pacto bilateral.
Ukraine has proposed that its partners secure an agreement with Russia that would stop the destruction of critical infrastructure. Food, energy, and other basics that sustain life must be protected, and Russian strikes are directed primarily against them. Every day, Ukrainian…
— Volodymyr Zelenskyy / Володимир Зеленський (@ZelenskyyUa) September 14, 2026
Trump ya había pedido públicamente a Zelenski que dejara de atacar las refinerías rusas porque esas operaciones estaban provocando problemas de suministro. Los bombardeos ucranianos han reducido la capacidad de producción de combustible de Rusia y han golpeado una fuente esencial de ingresos y abastecimiento para la invasión.
Rusia lleva atacando la red eléctrica, los puertos y los almacenes ucranianos desde el comienzo de la invasión a gran escala en febrero de 2022. Presentar ambas campañas bajo una simple equivalencia permite a Trump presionar primero sobre Kiev y ofrecer a Moscú un alivio económico antes de que exista un compromiso ruso comprobable.
Una pausa capaz de proteger las instalaciones civiles supondría un avance para la población ucraniana. A esta hora faltan un acuerdo escrito, un mecanismo de vigilancia y una confirmación expresa del Kremlin. Trump ha anunciado el resultado antes de que las partes hayan terminado de negociar sus condiciones.
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