La Unión Europea estudia la posibilidad de racionar combustible y adoptar medidas excepcionales ante el riesgo de un choque energético “duradero” provocado por la guerra en Irán. Así lo ha advertido el comisario europeo de Energía, Dan Jorgensen, en una entrevista publicada por el diario Financial Times.
Jorgensen ha señalado que Bruselas está evaluando “todas las opciones” ante un escenario de presión sostenida sobre los mercados energéticos. “Los precios de la energía serán más altos durante mucho tiempo”, ha afirmado, al tiempo que ha subrayado que, aunque la UE no se encuentra todavía en una crisis de suministro, sí se prepara para posibles efectos estructurales derivados del conflicto.
El impacto ya se ha dejado notar en el precio del petróleo. Tras los primeros ataques, el barril de brent se disparó hasta cerca de los 120 dólares, estabilizándose posteriormente en torno a los 107 dólares, aunque con una elevada volatilidad. Esta situación está directamente vinculada al cierre de facto del estrecho de Ormuz, controlado por Irán, por donde transita aproximadamente el 20% del transporte marítimo mundial de crudo.
El comisario europeo ha reconocido que el tono de las instituciones ha cambiado conforme se prolonga la crisis. “La retórica que estamos utilizando es ahora más seria que al inicio”, ha explicado, insistiendo en que el análisis de la Comisión apunta a un escenario prolongado en el que los países deberán garantizar su abastecimiento energético.
Aunque las medidas más drásticas, como el racionamiento de queroseno o diésel, no están aún sobre la mesa de forma inmediata, Bruselas ya contempla estos escenarios como parte de su planificación preventiva. “Nos preparamos para los peores escenarios… es mejor estar preparados que lamentarlo”, ha señalado Jorgensen.
Entre los sectores más expuestos figura el aéreo, con las aerolíneas especialmente preocupadas por el suministro de queroseno. La Comisión no prevé por ahora modificar la normativa vigente, aunque no descarta cambios regulatorios ni nuevas liberaciones de reservas estratégicas si la crisis se intensifica. Además, la UE mantiene abiertas alternativas de suministro, incluyendo importaciones desde Estados Unidos, mientras evita por el momento alterar su marco sobre el gas natural licuado ruso.