El gráfico adjunto —que recoge la evolución de las principales fuerzas políticas desde el verano de 2023 hasta comienzos de 2026— muestra con bastante nitidez un punto de inflexión. La línea azul vertical marca el momento en el que el Partido Popular culmina un cambio estratégico explícito: abandonar el perfil moderado inicial de Alberto Núñez Feijóo para endurecer el discurso, competir frontalmente con Vox y asumir buena parte de su marco cultural y comunicativo.

La hipótesis de partida era sencilla: radicalizar el tono para captar voto de Vox. El resultado, a la vista de los datos, ha sido exactamente el contrario.
Según el modelo de competencia espacial de Anthony Downs, los partidos compiten desplazándose hacia el votante mediano. Sin embargo, en sistemas multipartidistas con competidores ideológicamente próximos, el movimiento hacia los extremos puede generar:
- Pérdida del votante moderado
- No absorción del votante más radical (que prefiere coherencia)
La literatura comparada (Mudde, Norris, Abou-Chadi) muestra que cuando partidos tradicionales adoptan marcos discursivos de derecha radical:
- Rara vez capturan su electorado duro
- Frecuentemente legitiman su agenda
- Activan la competencia intrabloque
1. Un antes y un después estadísticamente reconocible
Hasta ese punto de inflexión, el PP mantenía una posición relativamente estable, con oscilaciones normales del ciclo político. A partir de ahí, se observan tres tendencias simultáneas y persistentes:
- Descenso sostenido del PP, no abrupto, pero sí constante.
- Crecimiento claro y estructural de Vox, sin correcciones posteriores.
- Reactivación del PSOE, que revierte una fase previa de desgaste.
No se trata de un efecto coyuntural ni de una encuesta aislada. El patrón se mantiene durante meses y aparece replicado en diferentes casas demoscópicas como los barómetros mensuales del CIS, 40dB, GAD3, Sigma Dos, SocioMétrica y el agregador de Electomanía.
En términos de análisis de series temporales, el cambio de pendiente es evidente.
Las medias agregadas muestran un retroceso de 2 puntos porcentuales de intención de voto desde el congreso que consolidó su giro estratégico de emulación de VOX a Q1 2026, pasando del 33,7% al 31,7%, mientras que VOX ha ganado 4,1 puntos en ese periodo, pasando del 13,8% al 17,9%.
El patrón observable es el siguiente:
- PP pierde entre 2 y 4 puntos desde su XXI Congreso Nacional.
- Vox gana entre 4 y 6 puntos.
- PSOE recupera terreno en paralelo.
La correlación negativa PP–Vox es consistente en varias series (r ≈ -0,62 en medias trimestrales).
Según los datos de recuerdo de voto medidos por CIS o 40dB, la transferencia de exvotantes del PP a VOX ha aumentado de forma sostenida, hasta el punto de que el PP ha perdido más de un millón de votantes a favor de la ultraderecha, y aún cuenta con otros 900.000 indecisos que en 2023 depositaron su papeleta a favor de la formación liderada por Feijóo. Por el contrario, la transferencia de exvotantes de VOX hacia el PP es muy limitada, en el entorno del 3-4%, y se mantiene estable o a la baja, por lo que la transferencia es asimétrica y el movimiento del PP hacia la derecha no genera flujo de retorno equivalente.
La estrategia de derechización emprendida en el XXI Congreso Nacional del partido y ratificada por declaraciones como la de Murcia en septiembre de 2025 sobre el endurecimiento de su política migratoria a imagen de la de VOX se muestra también en sus datos de fidelidad de voto: si antes del Congreso Nacional conservaban el 76-79% de los votantes de 2023, las cifras actuales rondan el 65-68% frente a más del 86% de la ultraderecha.
2. El error de diagnóstico: confundir vasos comunicantes con electorados distintos
La estrategia del PP partía de una premisa errónea: que el voto PP–Vox funciona como un sistema de vasos comunicantes simples, donde endurecer el discurso permite recuperar electores “prestados”.
La evidencia empírica muestra lo contrario:
- El votante de Vox prefiere coherencia ideológica y autenticidad.
- Cuando el PP adopta su marco, no absorbe ese voto, sino que lo legitima.
- El electorado opta por el original antes que la copia.
El resultado es que Vox crece, mientras el PP pierde su diferencial competitivo sin ganar nada a cambio.
En términos de elasticidad ideológica y siguiendo una escala 0-10 (CIS), donde el 0 representa la extrema izquierda y 10 la extrema derecha:
- El votante del PP medio se sitúa en el 6,7.
- El votante de Vox medio se sitúa en el 8,2.
- Y el votante mediano del electorado se sitúa en el 4,8.
El desplazamiento retórico del PP hacia posiciones más próximas al 7,5–8:
- Reduce la distancia ideológica con Vox marginalmente
- Y aumenta distancia con votante centrista (y el votante mediano)
Un modelo simple de proximidad sugiere que el incremento de utilidad del votante moderado tras aplicar esta estrategia es inferior a 0, pero el incremento de utilidad del votante radical se acerca a 0 (porque éste ya prefiere Vox). Según aumenta la polarización, el Partido Popular sigue desangrándose por su derecha y la hemorragia va camino de hacerle perder las elecciones o, incluso, de un potencial sorpasso en el bloque reaccionario.
3. El efecto colateral más subestimado: movilización del voto socialista
El segundo error fue ignorar el efecto espejo. Un PP “facha facha” —en términos de percepción pública— no solo no debilita a Vox, sino que activa emocionalmente al electorado progresista.
En el gráfico se aprecia con claridad:
- Coincidiendo con el endurecimiento del PP, el PSOE deja de caer y comienza una recuperación progresiva.
- El antagonismo fuerte no desmoviliza a la izquierda: la cohesiona.
- El PP deja de disputar el centro y pasa a ordenar el campo de juego en términos de bloques.
Desde ese momento, la competencia ya no es PP–PSOE, sino PP–Vox dentro del bloque de derechas, con el PSOE beneficiándose como polo opuesto.
Según el análisis de participación declarada se dan dos fenómenos indeseados por el Partido Popular:
- Aumento de probabilidad de voto en electorado progresista tras episodios de confrontación intensa.
- Incremento de “voto seguro” PSOE en barómetros coincidentes con escaladas discursivas.
La teoría aplicada es conocida como la “polarización movilizadora” y recuerda a la frase que le dijo el expresidente Zapatero a Iñaki Gabilondo en una entrevista televisiva: “Nos conviene que haya tensión”.
Cuando la derecha se percibe como más ideologizada:
- Disminuye la abstención diferencial de izquierda, motivada por su mayor conciencia crítica, lo que lleva al conocido mantra de que “en España las elecciones las gana o pierde la izquierda yendo o no yendo a votar”.
- Se refuerza la cohesión intrabloque y el voto útil.
De hecho, antes de su giro ideológico, el PP competía principalmente por el centro, y llegó a arrebatar en torno a 300.000 votos socialistas. Después del giro, el PP compite con VOX por la hegemonía de la derecha, lo que reconfigura el sistema, ubicando la percepción PP+VOX versus PSOE, que se estabiliza como polo alternativo.
4. La normalización del marco ultra y la pérdida del perfil propio
A este giro estratégico se suma un cambio organizativo y comunicativo:
- Mayor protagonismo del ala dura del partido, personificada en el ascenso de figuras como Miguel Tellado o Isabel Díaz-Ayuso.
- Uso de referentes y amplificadores del ecosistema ultra. La presencia de Vito Quiles en el acto de cierre de campaña en Aragón es el último ejemplo de esa estrategia desnortada.
- Señales simbólicas (incluida la validación de agitadores mediáticos) que refuerzan la percepción de mimetización con Vox.
De hecho, un análisis objetivo de contenido sobre la frecuencia de términos confrontativos en intervenciones parlamentarias y redes oficiales muestra un incremento significativo desde enero 2023, unido a una mayor alineación temática con agenda Vox (inmigración, memoria, cultura de guerra).
El efecto logrado es la homogeneización perceptiva de marca política. El resultado es que el PP pierde su rol histórico de partido de orden, gestor y alternativa institucional, y pasa a ser percibido como una pieza más del bloque ideológico, sin capacidad de atraer votantes externos a ese espacio.
Las referencias internacionales como Les Républicains vs Rassemblement National (Francia), la CDU vs AfD (Alemania) o el Partido Popular Europeo en escenarios de radicalización muestran resultados homologables, por lo que, en los tres casos han corregido el modelo hacia la diferenciación democrática frente a la extrema derecha. El último caso es el de Portugal, donde los partidos de centro derecha como PSD, el conservador CDS o el liberal IL han evitado apoyar u homologarse a los ultras de Chega en los últimos comicios. La mimetización rara vez absorbe el voto radical; tiende a reforzarlo.
5. Balance provisional: una estrategia fallida en todos los frentes
Desde un punto de vista estrictamente empírico, el balance del giro ultra del PP marcado desde su Congreso Nacional es difícilmente defendible:
- ❌ No se ha frenado el crecimiento de Vox
- ❌ No se ha ampliado el techo electoral del PP
- ❌ Se ha reactivado al PSOE
- ❌ Se ha perdido centralidad política
El PP no solo no ha captado voto ultra, sino que ha renunciado al voto moderado, quedando atrapado en una competición que no controla.
Si la hipótesis estratégica del PP pasaba por capturar un 50% del votante de VOX más moderado (6/8 sobre 10 en la escala ideológica), el resultado real es que la captura no supera el 4%, pero la pérdida de votos supera el 12%, y activa al PSOE en más de dos puntos.
La evolución de la intención de voto no demuestra intenciones, pero sí resultados y tendencias. Y los resultados indican que el giro a la derecha del PP ha sido estratégicamente fallido: ha fortalecido a Vox, ha devuelto oxígeno al PSOE y ha colocado al PP en una pendiente descendente de difícil corrección mientras no cambie el marco.
En política, como en estadística, persistir en una estrategia que muestra resultados negativos sostenidos no es audacia: es error.