La película La bola negra, dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, Los Javis, sigue dando que hablar dos semanas después de su estreno.
La última polémica desatada en redes sociales en torno a la película o, más bien, en torno a su banda sonora, ha venido a raíz de la interpretación en el programa de Televisión Española La revuelta, presentado por David Broncano, de la canción Soldadito español por parte de la cantante Judeline la semana pasada.
Esta canción está incorporada en la banda sonora de la película, en concreto aparece al principio de la cinta y ha sido uno de los temas más celebrados por parte del público junto con la canción La nieve, de Guitarricadelafuente.
Pero ¿por qué se ha generado la polémica?
El programa de Televisión Española publicó la interpretación de la canción versionada por Judeline en su cuenta de X, y los comentarios no se hicieron esperar. En el grueso de los mismos podían dividirse entre aquellos que rabiaban porque esta canción — escrita originalmente en 1927 por Jacinto Guerrero— fuera reproducida y versionada en un espacio que ellos consideran «progre», realizando juicios de valor absurdos sobre el programa.
Por otra parte, y en el lado contrario, sectores que consideraban que la canción era una exaltación del colonialismo y el franquismo. Del colonialismo porque esta canción fue escrita en el contexto de la Guerra del Rif, en la que España combatía a las tropas rifeñas, y del franquismo porque la canción fue difundida ampliamente durante la dictadura.
Sin embargo, estas dos posturas me parecen intelectualmente pobres:
En primer lugar, para los sectores de la ultraderecha, que consideran indigno que una canción «fetiche» de lo que consideran su legado se reproduzca en un medio que consideran de izquierda solo muestra su ya conocido sectarismo y su ánimo de apropiarse de todo aquello que pueda sonar a patriótico. La apropiación por parte de la derecha de los símbolos más cercanos al patriotismo ha hecho precisamente que gran parte de la sociedad los repudie, por lo que se puede afirmar que estos sectores tienen una gran responsabilidad con la —cada vez menos— no identificación por parte de muchos españoles de símbolos como la bandera, el himno o el folclore popular o religioso.
Por parte de los sectores de la extrema izquierda, se peca de lo contrario: de un purismo ideológico asfixiante, incapaz de apropiarse o reapropiarse de elementos que deberían ser comunes.
Para poner en contexto, estos sectores han llegado a atacar a Adelante Andalucía por defender la protección de la cultura popular y religiosa en Andalucía, muy ligada, por ejemplo, a las procesiones de Semana Santa.
Hay parte de la izquierda que repudia aquello que huela a español porque parece que trae una contaminación de origen, cuando a la vista está que esta reapropiación sería útil en dos vertientes: en la reconexión de la izquierda con un electorado que hace ya tiempo dejó de acomplejarse por los símbolos patrios, y porque esta reapropiación haría volar los esquemas mentales de la ultraderecha al «robarles» parte de su, supuesto, patrimonio cultural.
La polémica de estos días en redes sociales respecto a Soldadito español me ha trasladado irremediablemente a lo que suele ocurrir cuando llega Semana Santa y la Legión interpreta el mítico El novio de la muerte en la procesión del Santísimo Cristo de la Buena Muerte en Málaga.
Cuando el traslado del llamado «Cristo de Mena» es retransmitido en la mañana del Jueves Santo por TVE, no faltan usuarios en las redes sociales que consideran al himno como una «rémora franquista», cuando lo cierto es que la canción, que originalmente fue un cuplé, fue estrenada por la cantante Lola Montes en el Teatro Vital Aza de Málaga en 1921, quince años antes de la Guerra Civil, y que con el paso de los años se ha convertido en un himno que cantan transversalmente la mayoría de malagueños, independientemente de su ideología o valores, ya que se percibe más bien como un símbolo de identidad en la ciudad.
La izquierda intelectual del país, haría bien en acercarse a estos hechos con menor purismo ideológico, porque lo cierto es que, de seguir así, predicarán cada vez más para un nicho social menguante.
Es, no obstante, comprensible que muchas de estas expresiones culturales puedan, causar recelos porque aún en las generaciones, sobre todo mayores, está presente el uso que el régimen dictatorial hizo de ellas, pero es mucho más útil la reapropiación que su denostación, a tenor de la propia evolución social de la población española.
En definitiva, el uso cultural de soldadito español, debería tratarse con normalidad, ahora que muchos la han redescubierto gracias a la película de los Javis, teniendo en cuenta que al final cada persona, da el significado que quiere a los diferentes elementos culturales de nuestra historia, y que su significado en ningún caso debe entenderse como estático a lo largo del tiempo.