Está a punto de concluir la actual reforma en la que el Duque Manuel Filiberto I de Saboya convirtió en su residencia tras decidir el traslado de la corte ducal desde Chambéry a Turín. Probablemente, la expropiación en 1565 del Palacio episcopal para transformarse en Palacio real dio origen a la primera modificación. Desde entonces acumula varias, algunas en las últimas décadas, aunque la más importante tuvo lugar con María Cristina de Francia, casada con Víctor Amadeo I, que afectó a la fachada.
El interior del Palacio Real es una impresionante caja de sorpresas que atesora desde paneles lacados, jarrones chinos, tapices, techos tallados, suelos taraceados, mobiliario, estucos, cuadros o esculturas. El Gabinete chino, decorado con frescos de Beaumont; la doble rampa de la escalera de las Tijeras, obra de Filippo Juvarra- el mismo que diseñó del Gabinetto Cinnese-; las “glorias sajonas”, pintadas por los hermanos Fea; el diseño de la Sala del Trono a cargo de Palagio Palagi- quien dirigió también las obras de la Sala de Baile y Comedor - o la Galería del Daniel diseñada por Lanfranchi para conectar los dormitorios de Vittorio Amedeo II y Anna de Orleans, son algunos de los trabajos más admirados.

La balaustrada de madera del trono fue tallada por Bolgié a finales del XVIII. Con el traslado de la capitalidad a Roma, el palacio perdió sus funciones, pero no su atractivo
Y aunque los tesoros se extienden por los jardines, las “joyas” del palacio forman fila en la Armería Real que reúne más de 5.000 piezas, entre ellas la espada que Napoleón usó en su campaña en Egipto para bloquear a Gran Bretaña en su avance hacia la India. Semejante cantidad de elementos, que incluyen armaduras de varios siglos, tallas de caballos militares, armas orientales, blancas, de fuego y un sin fin de pertrechos la convierten en una de las colecciones de armas más completa de Europa que gana vistosidad y belleza al estas instalada en la Galería Beaumont, con cuyos frescos está decorada la bóveda.

El espacio más sagrado del palacio es la Cúpula de la Sábana Santa, cuya rehabilitación, tras el incendio de 1997, supuso una de las más importantes de Europa. El fuego acabó con la estructura de la cúpula diseñada por Guarini y podría haber hecho lo mismo con la Sábana Santa, de no haber sido por la rápida intervención de un bombero. Volvió a abrirse al público en 2018 veintiún años después.

La restauración actual nada tiene que ver con desastres acontecidos sino con mejoras que afectan también a los invernaderos y recorrido arqueológico.