La batalla de Stiklestad, una de las más famosas de la Era Vikinga, tuvo lugar en un paraje situado a hora y media de Trondheim, primera capital de Noruega, y marcó un punto de inflexión en la historia del país.
Tras esta batalla Trondheim se convirtió en uno de los destinos de peregrinación más importantes, con nueve rutas oficiales conocidas como las rutas de San Olav. Olav, un hombre que siendo un niño de apenas 12 años tomó parte en saqueos a Europa y que se convirtió al cristianismo tras una corta estancia en Francia. Con esa intención regresó a Noruega. Sin conseguir su propósito tuvo que exiliarse hasta que un sueño mientras vivía en la ciudad rusa de Nóvgorod le convenció de que debía regresar e intentarlo nuevamente. En ese contexto se produce la batalla de Stiklestad en la que antes de morir Olav fue herido en tres ocasiones.

Muerto el rey comenzaron a producirse curaciones “milagrosas” en el campo de batalla y junto a la tumba a orillas del río Nidelva en la que había sido enterrado. Primer paso en el camino a la santidad. El siguiente llegó cuando el obispo ordenó abrir su tumba y su cuerpo, que desprendía un agradable olor, estaba incorrupto. Antes de ser santo los peregrinos emprendieron viaje para visitar la tumba, ritual que se mantiene y que convierte a Trondheim en una fiesta que en 2030, con motivo del jubileo, será aún mayor.

La catedral de Nidaros, destino de peregrinación, sigue siendo uno de los monumentos sagrados más importantes de Noruega aunque el legado de Olav pervive en toda la región donde se cruzan historias de milagros.

La historia de Noruega está tejida de luchas de poder combinadas con uniones y rivalidades con Dinamarca y Suecia, vecinos con los que durante un siglo compartieron corona en la Unión de Kalmar promovida por la reina Margarita I de Dinamarca quien logró lo que no consiguió Olav Haraldsson, pese a sus intentos.

Con una población de 213.000 la ciudad universitaria de Trondheim, es la “capital tecnológica” de Noruega.