Donald Trump quiere que Gianni Infantino cambie la presidencia de la FIFA por la Secretaría General de Naciones Unidas. El mandatario estadounidense pretende promover a uno de sus aliados más complacientes en el escenario internacional para suceder a António Guterres, cuyo segundo mandato termina el próximo 31 de diciembre.
La información ha sido adelantada por el 'New York Post', que cita a fuentes cercanas al presidente. Según esa versión, Trump considera que Infantino es "respetado por todos en el mundo" y posee una capacidad especial para reunir a países con intereses enfrentados.
Por ahora, la idea no ha pasado al terreno oficial. Infantino no ha confirmado que quiera dirigir Naciones Unidas ni ha sido presentado formalmente como candidato por ningún Estado miembro. La FIFA tampoco ha respondido públicamente a la propuesta.
Su agenda conocida apunta en otra dirección. El dirigente suizoitaliano anunció en mayo que concurrirá a las elecciones de marzo de 2027 para seguir presidiendo la organización que controla el fútbol mundial, un cargo que ocupa desde 2016 y para el que vuelve a contar con un amplio respaldo entre las 211 federaciones nacionales.
Una alianza construida desde la FIFA
La propuesta llega después de un Mundial en el que la cercanía entre Trump e Infantino dejó de ser una cuestión protocolaria. Ambos compartieron numerosos actos, intercambiaron elogios y convirtieron el campeonato celebrado en Estados Unidos, México y Canadá en un escaparate de su sintonía personal.
Meses antes del torneo, Infantino creó el primer Premio de la Paz de la FIFA y decidió entregárselo a Trump. El galardón fue anunciado en noviembre de 2025 y concedido apenas unas semanas después durante el sorteo de la competición, cuando el presidente estadounidense acababa de perder otra vez su carrera por el Nobel de la Paz.
La FIFA presentó el reconocimiento como un homenaje a sus esfuerzos para unir a las personas. Infantino describió entonces al mandatario como un líder preocupado por la seguridad y el bienestar de la población, en una ceremonia diseñada alrededor de la figura del propio Trump.
El episodio más grave llegó durante el Mundial. El presidente estadounidense telefoneó a Infantino para pedirle que revisara la sanción impuesta a Folarin Balogun, delantero de la selección de Estados Unidos, tras ser expulsado. La suspensión quedó aplazada y el jugador pudo disputar los octavos de final contra Bélgica, una decisión sin precedentes que provocó protestas en varias federaciones europeas.
Trump presumió públicamente de su intervención. Infantino reconoció la llamada, aunque defendió que los órganos disciplinarios de la FIFA habían actuado de manera independiente y siguiendo sus procedimientos internos.
La organización de derechos humanos FairSquare ha llevado su comportamiento ante el Comité Olímpico Internacional. Su denuncia acusa al presidente de la FIFA de infringir repetidamente las obligaciones de neutralidad política y pide investigar si cedió ante las presiones de Trump en el ‘caso Balogun’.
Cincuenta eurodiputados y la Federación Noruega de Fútbol también han reclamado que se examine su conducta. Infantino es miembro del COI y está obligado a respetar unas normas que prohíben utilizar el deporte para ofrecer respaldo político a gobiernos o dirigentes concretos.
El hombre que ataca a la ONU quiere elegir a su líder
El interés de Trump llega después de años de enfrentamiento con el multilateralismo. Durante sus dos mandatos ha retirado a Estados Unidos de organismos y acuerdos internacionales, ha recortado las aportaciones estadounidenses y ha acusado reiteradamente a Naciones Unidas de ser ineficaz.
Desde su regreso a la Casa Blanca, Estados Unidos ha abandonado la Organización Mundial de la Salud, la Unesco y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, mientras el Gobierno republicano ha reducido la financiación destinada a distintas agencias internacionales.
Ese historial convierte su apuesta por Infantino en algo más que una preferencia personal. Estados Unidos forma parte de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y puede vetar a cualquier aspirante, por lo que tendrá una influencia decisiva en la elección. Trump no puede nombrar por sí solo al próximo secretario general. Los candidatos deben ser presentados por uno o varios Estados, recibir la recomendación del Consejo de Seguridad y ser ratificados después por la Asamblea General.
El proceso ya cuenta con dirigentes de trayectoria política y diplomática. Entre los nombres que han ganado fuerza aparecen la expresidenta chilena Michelle Bachelet, el director del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, y el expresidente senegalés Macky Sall.
También existe una expectativa política de que el cargo recaiga esta vez en una persona de América Latina o el Caribe, la única región que no ocupa la Secretaría General desde la salida del peruano Javier Pérez de Cuéllar en 1991. La candidatura de un dirigente europeo como Infantino rompería esa rotación no escrita y frustraría además la aspiración de elegir por primera vez a una mujer.
El propio 'New York Post' recoge que personas próximas a Trump desprecian al grupo de aspirantes oficiales y los consideran mediocres. Esa valoración choca con la experiencia política de varios candidatos y presenta la gestión de la FIFA como una credencial equiparable a dirigir el principal organismo diplomático del mundo.
El Consejo de Seguridad comenzará a estudiar las candidaturas a finales de julio y previsiblemente tomará una decisión entre agosto y octubre. Infantino deberá aclarar antes si abandona su campaña en la FIFA para aceptar el respaldo de Trump y entrar formalmente en la carrera por Naciones Unidas.
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