La inversión de Telefónica en el primer semestre de 2026 ha ascendido a 1.908 millones de euros, un 1,4% más que en el mismo periodo del año anterior. En el segundo trimestre, el capex se situó en 1.042 millones, un 3,9% más en tasa de cambio real. La ratio de inversión sobre ingresos del semestre se ha situado en el 11,6%, dentro del objetivo de en torno al 12% fijado para el conjunto del año.
El dato desmiente una lectura frecuente sobre las operadoras europeas en fase de consolidación. Telefónica no está reduciendo su inversión: la está incrementando de forma moderada mientras mantiene la ratio sobre ingresos dentro del rango comprometido. Es una posición distinta —y más exigente— que la de recortar capex para sostener la caja.
Conviene, eso sí, leer la evolución con el detalle trimestral delante. En el primer trimestre, la inversión fue de 866 millones de euros, con una ratio sobre ingresos del 10,7%. En el segundo, los 1.042 millones sobre unos ingresos de 8.265 millones sitúan la ratio trimestral por encima del umbral del 12%. Dicho de otro modo: el holgado margen que la compañía exhibe en el acumulado semestral procede fundamentalmente del arranque del ejercicio, y el segundo trimestre ya ha consumido parte de ese colchón.
El retorno operativo de esa inversión es visible. El Grupo ha elevado su base de accesos hasta los 299,8 millones, un 5,3% más, ha aumentado un 8,3% los accesos de fibra hasta el hogar hasta los 14,2 millones y ha ampliado su huella FTTH hasta los 76,6 millones de unidades inmobiliarias pasadas, 1,7 millones más que en marzo. La cobertura 5G alcanza al 83% de la población de sus cuatro mercados core, dos puntos más que en el trimestre anterior, con un 99% en Alemania, un 96% en España, un 88% en Reino Unido y un 72% en Brasil.
El grueso del despliegue de fibra está completado en los mercados principales, y el trabajo actual consiste en densificar la huella existente, migrar clientes desde tecnologías heredadas y completar la cobertura móvil. Son actividades que consumen menos capital por unidad de resultado que la construcción de red desde cero, lo que explica que un incremento moderado del capex conviva con una ratio sobre ingresos contenida.
Las implicaciones financieras son directas. Una inversión predecible es el componente que permite convertir el crecimiento del EBITDA en crecimiento del flujo de caja, que es el eje del relato de la compañía este trimestre: el EBITDA ajustado avanzó un 6,4% en tasa real y el flujo de caja operativo ajustado un 6,7%. Que la métrica de caja crezca más que la de resultado es la firma contable de una inversión bajo control.
Esa mecánica sostiene también los dos compromisos más sensibles del ejercicio. El primero, la reducción del apalancamiento: la deuda financiera neta cerró junio en 25.278 millones de euros, un 8,4% menos interanual, con la ratio en 2,68 veces frente a las 2,72 de marzo y camino del objetivo de 2,5 veces EBIDTA al fijado para 2028. El segundo, el dividendo de 0,15 euros por acción confirmado para 2026.
La cuestión que el mercado seguirá con atención es si la ratio del 11,6% se sostiene en la segunda mitad del año. La estacionalidad habitual del sector concentra una parte relevante de la ejecución de inversión en el último trimestre, de modo que la ratio de cierre anual será previsiblemente superior a la del semestre. El repunte ya observado entre el primer y el segundo trimestre apunta en esa dirección, aunque el punto de partida acumulado deja a la compañía en condiciones de cumplir el objetivo sin recortar despliegue.
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