El informe PISA, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), es una de las principales herramientas internacionales para conocer el nivel educativo de los estudiantes y comparar sus competencias con las de jóvenes de otros países. La evaluación analiza si los alumnos son capaces de aplicar los conocimientos adquiridos a situaciones de la vida cotidiana y a los retos que encontrarán en su futuro académico y profesional. En esta edición han participado estudiantes de 90 países y economías, entre ellos España.
PISA se realiza periódicamente entre alumnos de alrededor de 15 años y examina tres grandes áreas: ciencias, lectura y matemáticas. En 2025, las ciencias han ocupado el lugar de competencia principal, mientras que las otras dos se han evaluado como materias secundarias. En España, la prueba ha contado con la participación de 956 centros educativos y cerca de 30.000 estudiantes de 15 y 16 años, el 77% de ellos matriculados en cuarto de ESO. Los resultados se obtienen a partir de las pruebas realizadas por esta muestra representativa y permiten establecer comparaciones tanto con la media de la OCDE como con el conjunto de la Unión Europea.
Los resultados dejan un escenario especialmente preocupante en España. La mitad de los alumnos se encuentra en niveles bajos de rendimiento en ciencias y solo el 28% alcanza el nivel mínimo de competencia considerado necesario para desenvolverse ante situaciones de la vida cotidiana y afrontar su futuro laboral. A ello se suma el deterioro registrado en lectura y matemáticas, que se intensifica respecto a anteriores ediciones y alcanza mínimos históricos.
La lectura, el principal foco de preocupación
El retroceso más pronunciado aparece en la comprensión lectora. Los estudiantes españoles obtienen 451 puntos, frente a los 461 de media de la OCDE y los 459 del conjunto de la UE. La caída respecto a 2022 es de 23 puntos, muy superior a los ocho puntos perdidos entre 2018 y 2022. Si se amplía la perspectiva, España acumula un descenso de 45 puntos en una década.
El deterioro de la lectura preocupa especialmente porque esta competencia constituye la base para acceder al resto de aprendizajes. El analista senior de la OCDE y responsable de la coordinación de PISA, Tue Halgreen, advierte de que los estudiantes tienen dificultades para enfrentarse a textos extensos y tienden a realizar una lectura más rápida y superficial. El fenómeno, además, no se limita a España: países como Portugal, Francia y Alemania también registran retrocesos importantes.
Las matemáticas tampoco escapan al deterioro. España alcanza 457 puntos, seis menos que la media de la OCDE y del conjunto de la UE, ambos con 463. En la última década, la pérdida acumulada asciende a 29 puntos, lo que sitúa esta competencia también entre las grandes asignaturas pendientes del sistema educativo español.
Las pantallas
El informe apunta además a un deterioro general del rendimiento académico asociado al creciente protagonismo de las pantallas, con un impacto especialmente significativo sobre la lectura. La dificultad para mantener la atención y comprender textos largos aparece así como uno de los retos que trascienden las fronteras españolas y afectan al aprendizaje de los adolescentes en distintos sistemas educativos.
No todos los indicadores, sin embargo, son negativos. El alumnado español presenta una mayor capacidad de perseverancia ante las dificultades del aprendizaje que la media internacional. Su índice se sitúa en 0,26, frente al 0 de la OCDE y el -0,04 de la Unión Europea. También registra una curiosidad hacia el aprendizaje de las ciencias superior a la media de la OCDE.
El estudio destaca asimismo el elevado sentimiento de pertenencia al centro educativo entre los estudiantes españoles. El índice alcanza 0,46, muy por encima del 0,09 de la OCDE y del 0,12 de la UE. Este resultado se mantiene tanto entre chicos y chicas como entre alumnos de distintos niveles socioeconómicos.
En materia de equidad, España presenta además una diferencia de rendimiento entre los estudiantes más favorecidos y los más desfavorecidos económicamente inferior a la registrada de media en la OCDE y en la UE. El dato sitúa al sistema educativo español en una posición relativamente favorable en cuanto a la capacidad para reducir el peso del origen socioeconómico sobre los resultados académicos, pese al retroceso general de las competencias evaluadas.
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