Con un perfil marcadamente europeísta, defensor de la legalidad internacional y alineado con la reactivación de una izquierda global, Pedro Sánchez refuerza su apuesta por el multilateralismo frente al unilateralismo de determinados líderes, a los que ha confrontado sin ambages. Moncloa refuerza así el perfil internacional del líder del Ejecutivo.
Pero, ¿qué hay detrás de esta estrategia?
En Moncloa, el equipo más próximo al presidente —expertos en diplomacia y técnicos conocedores de la realidad europea— sigue afinando esa hoja de ruta y asesorando personalmente para sostener lo que ya denominan el “efecto exterior”: su principal activo político en los últimos meses.
Una fórmula para contrarrestar el desgaste interno. Tras un periodo marcado por la fragilidad de la aritmética parlamentaria —con la ruptura de Junts per Catalunya el pasado mes de octubre y la presión de Podemos ejerciendo una oposición cada vez más explícita—, y por los casos de corrupción que afectaron a figuras como José Luis Ábalos y Santos Cerdán, el Ejecutivo ha visto erosionada su posición en la mayoría de las encuestas (con la excepción del CIS).
Ese posicionamiento global de Sánchez no es solo retórico. El presidente lo ha plasmado en un extenso análisis publicado en 'Le Monde Diplomatique', donde advierte de los riesgos de la actual deriva geopolítica. “Cuando las potencias grandes o emergentes rompen las normas a su favor, o cuando los líderes de otros países guardan silencio frente a estas agresiones, el orden internacional empieza a erosionarse”, escribe, en una crítica directa a figuras como Donald Trump, Vladimir Putin o Benjamin Netanyahu.
A ese posicionamiento por escrito se suma una agenda internacional en expansión. La próxima parada será Barcelona, donde Sánchez liderará los días 17 y 18 de abril una cumbre de líderes progresistas junto al Partido Socialista Europeo. El encuentro, que llega tras el paréntesis de Semana Santa, busca coordinar respuestas frente al avance del autoritarismo, la extrema derecha y el deterioro del multilateralismo, según fuentes de Ferraz.
Según confirman fuentes de la organización, asistirán los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva, Cyril Ramaphosa, Yamandú Orsi y Gustavo Petro. También está prevista la presencia del presidente del Consejo Europeo, António Costa, y de la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera.
El jefe del Ejecutivo se proyecta así como un referente global frente a la ola ultraconservadora que recorre Occidente.
El protagonismo internacional no despeja todos los frentes abiertos
Los efectos negativos de la guerra obligan al Gobierno a aplazar objetivos internos y a diseñar respuestas con un elevado coste económico. De momento, un primer decreto ya convalidado y en vigor moviliza 5.000 millones de euros “para amortiguar el incremento de los precios”.
Fuentes del equipo del ministro de Economía y vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, señalan que “se está haciendo un seguimiento de un doble impacto: el económico derivado de la guerra en Oriente Medio y el de la efectividad de las medidas ya implantadas. "Es pronto para hablar de nuevas medidas”, aunque no las descartan.
Una de las consecuencias directas de este contexto es la ausencia de Presupuestos. La portavoz del Gobierno y ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, aseguró que el Ejecutivo mantiene su compromiso de presentarlos, pero evitó concretar plazos: “No me quiero pillar los dedos con las fechas; nos comprometimos a que fuera en el primer trimestre, pero quiero recordar que ha estallado una guerra”.
Y mientras el foco se desplaza al tablero internacional y al frente económico, la política doméstica sigue su curso. Las elecciones andaluzas continúan dibujando un escenario adverso para el PSOE. Según el promedio de encuestas, el PP retendría la mayoría absoluta, sin que el impulso exterior de Sánchez logre, por ahora, traducirse en una mejora sustancial en el terreno autonómico.
Ahí es donde emerge el límite de la estrategia: el “efecto exterior” proyecta liderazgo, refuerza la imagen y amplía el perímetro político del presidente en el escenario global. Pero no opera con la misma eficacia en todos los frentes. La política internacional puede consolidar relato y posicionamiento, pero no sustituye la aritmética parlamentaria, ni corrige por sí sola el desgaste interno, ni garantiza victorias en clave territorial.
En otras palabras, el impulso exterior suma —y mucho—, pero no compensa todos los déficits. Porque en política, como en los mercados, no todos los activos rinden igual en todos los escenarios.