Habrá doble viaje y, por tanto, doble objetivo. La próxima semana, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, viajará a China, mientras que el vicepresidente y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, se desplazará a Estados Unidos en el que será su primer viaje oficial tras asumir el cargo. Cada cual con su agenda, pero con un mismo rumbo: reforzar relaciones comerciales y abrir nuevas vías de negocio para España en un contexto internacional cada vez más competitivo.
Primero será Sánchez, con su cuarto viaje a China en poco más de tres años. Entre los días 13, 14 y 15 de abril tendrá ocasión de reforzar la interlocución con “un país amigo”, según explican en Moncloa, en un claro gesto de proximidad con Pekín y con su líder, Xi Jinping. Todo ello, además, en un momento en el que la distancia política con la Administración de Donald Trump resulta cada vez más evidente.
La coyuntura internacional siempre pesa, pero en esta ocasión el telón de fondo lo marca la crisis en Oriente Medio. Un alto el fuego anunciado para las próximas semanas —pendiente de consolidarse— planea sobre una cita a la que ambos líderes llegan con buena sintonía diplomática.
Tú a China y yo a Boston
En Moncloa hacen coincidir el viaje de Sánchez al gigante asiático con otro movimiento que busca lanzar “una señal clara” a los mercados: Carlos Cuerpo debutará en Boston. Un estreno con vocación práctica.
Ya en marzo anunció la apertura de nuevas oficinas comerciales —también en Houston— para reforzar el apoyo a las empresas españolas en Estados Unidos. Ese será el eje central de su agenda: consolidar la presencia empresarial española en uno de los mercados más competitivos del mundo.
Además, Cuerpo participará en las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que se celebran en Washington entre el 13 y el 18 de abril. Un foro clave donde las principales economías analizarán cómo están gestionando el impacto de la guerra sobre los mercados y las cadenas de suministro.
El alto el fuego no paga facturas
Desde el equipo de Cuerpo insisten en que continúan evaluando el impacto del paquete de medidas aprobado hace dos semanas. La prioridad, subrayan, es “mantener la prudencia” antes de adoptar nuevas decisiones que, por ahora, no están en el corto plazo.
Recuerdan que las medidas actuales están diseñadas para un horizonte de tres meses y, aunque confían en una desescalada progresiva, advierten de que “se tomarán las decisiones necesarias” para proteger a familias y empresas si el contexto lo exige.
Porque, aunque el alto el fuego sería el escenario deseable, en el Gobierno asumen que el seísmo económico puede prolongarse durante meses. El fin de la guerra no implica, ni mucho menos, la desaparición inmediata de sus efectos.
En plena fragmentación geopolítica y con las cadenas de suministro bajo presión, Moncloa mueve ficha: diversificar alianzas, ganar autonomía estratégica y posicionar a España como un actor fiable —y competitivo— en el nuevo orden económico global.