Pedro Sánchez se quedó solo ante el Parlamento. Ni siquiera los aplausos de la bancada socialista, que trataron de arropar la tesis del presidente del Gobierno —quien evitó señalar directamente a Marruecos como responsable de la crisis en Ceuta—, lograron disimular esa imagen.
A pesar de las múltiples jornadas que durante los últimos años han mostrado un ambiente irrespirable para el Gobierno en el Congreso de los Diputados, pocas veces se ha evidenciado —y en una cuestión tan delicada como la de Ceuta— la soledad del jefe del Ejecutivo como en la última jornada vivida en la Cámara baja.
El Congreso se convirtió durante unas horas en un terreno de juego ajeno, hostil, para el Ejecutivo. Y los socios parlamentarios marcaron más distancia que nunca con las posiciones de La Moncloa.
Oportunidad perdida
Con un ligero cambio de guion, Sánchez —que comparecía por primera vez tras la entrada masiva de migrantes en Ceuta a finales de julio— asumió públicamente que Rabat tiene muchas respuestas pendientes sobre lo sucedido esos días, pero evitó la crítica directa que sí mostraron los grupos parlamentarios, y con dureza.
El Gobierno apostó públicamente por “una cooperación” que “tiene que ser diferente” con Marruecos. Sánchez concluyó que “lo sucedido estos días tendrá consecuencias”, pero no concretó cuáles. Para sus socios, la comparecencia de ayer fue una oportunidad “perdida” que tendrá además consecuencias para lo que resta de una legislatura que se movía ya en los márgenes de la Realpolitik, la política basada en intereses prácticos y pragmáticos.
El incierto rumbo del último curso político
En una ronda de valoraciones realizada por ‘ElConstitucional.es’ con diputados de los distintos grupos parlamentarios que sustentan al Gobierno, todos coinciden, de una forma u otra, en que la legislatura ha quedado “noqueada” por la incapacidad de gestión del Ejecutivo ante esta crisis.
Socios como EH Bildu, PNV o Junts, que consideran que Sánchez “no ha estado a la altura”, esperaban contar con algo de margen político antes del carrusel electoral para avanzar en sus propias agendas. Ahora temen que los próximos meses queden vacíos de contenido y sin “demasiadas oportunidades”.
Los Presupuestos Generales del Estado, que pretendían ser la última baza política del Gobierno, han quedado orillados. Lo mismo le ocurre al decreto con medidas para la crisis de la vivienda, que aspiraba a ser el elemento con el que recuperar la agenda, y a la reunión entre Sánchez y el lehendakari Imanol Pradales, pendiente para septiembre y llamada a reconducir la relación con un socio como el PNV. Son asuntos cruciales para retener el apoyo de unos socios que muestran cada vez más distancia ante la falta de avances sustanciales en las cosas del comer.
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