La salida de Lara Hernández no ha cerrado la crisis de Movimiento Sumar. Una de las personas que la acusó internamente de acoso laboral ha llevado el caso ante la Inspección de Trabajo, que deberá analizar ahora si existió maltrato laboral en el entorno de la ya excoordinadora del partido fundado por Yolanda Díaz.
La denuncia fue registrada a principios de junio, semanas antes de que el comité antiacoso de Sumar archivara el expediente interno abierto contra Hernández. El archivo llegó después de que las personas afectadas retiraran sus acusaciones dentro del procedimiento del partido, por lo que el órgano interno no llegó a valorar el fondo de los hechos.
La propia Hernández ha asegurado que no ha recibido ninguna notificación de la Inspección y que tiene la “conciencia tranquila”. También sostiene que está ante “una operación política que no se ha detenido” ni siquiera con su dimisión. La exdirigente, que el miércoles anunció su salida de todos los cargos y su baja como militante, insiste en que “jamás” ha acosado a nadie.
El expediente se archivó, pero no resolvió el fondo
El matiz es importante. Hernández presentó el archivo interno como una prueba de que las acusaciones contra ella no habían prosperado. Sin embargo, el procedimiento terminó por la retirada de las denuncias, no porque el comité antiacoso concluyera que los hechos eran falsos.
Algunos trabajadores señalaron después que el órgano interno no ofrecía garantías suficientes, que no protegía de forma adecuada su anonimato y que no se aceptó apartar cautelarmente a Hernández mientras se tramitaba el caso. En ese contexto, al menos uno de ellos ha decidido acudir a la vía laboral.
La denuncia ante Inspección se dirige técnicamente contra el grupo parlamentario de Sumar en el Congreso, al ser la estructura empleadora. Las competencias de la Inspección se centran en exigir responsabilidades laborales al empleador si se acreditan irregularidades, no en juzgar penalmente a la persona señalada.
Meses de guerra interna en el partido de Yolanda Díaz
El caso de Hernández no aparece en un vacío. Sumar arrastra desde hace meses una crisis orgánica que ha ido dejando dimisiones, acusaciones cruzadas y una sensación de descomposición interna difícil de disimular.
La primera gran sacudida llegó con la dimisión de Laura Moreno como secretaria de Organización. En su carta, Moreno acusó a Hernández de haberla apartado de sus responsabilidades, de dejarla aislada de las estructuras del partido y de haber sufrido un deterioro de su salud mental. Aquella salida hizo pública una guerra que ya venía de lejos.
Después llegó el expediente antiacoso, el desgaste de Hernández y la pelea por la nueva dirección. La dirigente dimitida ha hablado de “ambiente tóxico” y de haber sufrido el lado “más duro y sucio” de la política. Su entorno apunta a una maniobra interna para sacarla del camino antes de la asamblea extraordinaria.
Una formación que llega muy tocada al 11 de julio
Movimiento Sumar celebrará el próximo 11 de julio una asamblea extraordinaria con una única candidatura sobre la mesa. La lista estará encabezada por Verónica Martínez Barbero, portavoz parlamentaria, y Rosa Martínez, secretaria de Estado de Derechos Sociales. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, queda como principal referente político dentro de la nueva etapa.
La nueva dirección tendrá que intentar recomponer una organización que ha perdido músculo en apenas quince meses. Y es que 34 de los 65 miembros del actual órgano de dirección no repetirán en la nueva lista, una salida de más de la mitad del equipo elegido en la anterior etapa.
El dato retrata el golpe. Se van perfiles vinculados al arranque del proyecto, dirigentes próximos a Yolanda Díaz, cargos intermedios y personas alineadas con Hernández. También se nota el vacío que dejó la propia Díaz cuando abandonó el mando orgánico y anunció que no volverá a ser candidata.
El difícil aterrizaje del postyolandismo
Sumar nació alrededor de la persona y personalidad de Yolanda Díaz, pero nunca logró convertirse en un partido estable con vida propia al margen de su figura. La crisis de Hernández ha terminado funcionando como síntoma de un problema más amplio: una formación construida a toda velocidad, dependiente del liderazgo de la vicepresidenta y obligada ahora a sobrevivir sin ella en primera línea.
La asamblea del 11 de julio intentará escenificar un cierre de etapa, si es que sobrevive a su agonía. El pesimismo y la sensación de final están a la orden del día entre militantes y dirigentes de la formación. El problema es que la denuncia ante Inspección mantiene vivo el caso que precipitó la dimisión de Hernández y que dejó al descubierto las fracturas internas. La nueva dirección llegará con lista única, pero también con una organización dañada, con sectores enfrentados y con demasiadas salidas como para vender normalidad.
Mientras tanto, Hernández prepara su regreso a su plaza como profesora de Secundaria en Madrid y se reserva la posibilidad de defender su honor por otras vías. Inspección de Trabajo tiene ahora margen para investigar durante los próximos meses. Sumar intentará pasar página el día 11, aunque el expediente laboral seguirá abierto mucho después de la foto de la nueva dirección.
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